¿Debería la prensa tomar partido en la Era de Donald Trump?

¿Debería la prensa tomar partido en la Era de Donald Trump?

¿Cómo cubrir a un demagogo que fomenta el odio y desafía los valores de la tolerancia, el pluralismo y la humanidad, de los cuales la democracia dependen?
Retrato de Donald Trump / Thierry Ehrmann en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons
Adrian P. White, Director Ejecutivo de Ethical Journalism Network (EJN)

A medida que campaña por la presidencia en Estados Unidos, una de las peleas políticas más tóxicas y rudas de los últimos tiempos, por fin llega a su fin, muchos periodistas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo están confundidos por el éxito de un candidato que ha desafiado las reglas de la política y ha forzado a los editores y reporteros a cuestionarse su adhesión a los principios cardinales del periodismo: el equilibrio y la imparcialidad.

El día de las elecciones también puede llegar a ser un anti-clímax, dado que las encuestas sugieren rotundamente que los votantes decidirán por no llevarlo a la Casa Blanca. Sin embargo, Donald Trump, según el New York Times, ha puesto a prueba hasta el límite al periodismo estadounidense.

La pregunta que los periodistas tradicionales se han enfrentado es cómo cubrir a un demagogo que fomenta el odio y desafía los valores de la tolerancia, el pluralismo y la humanidad, de los cuales la democracia (y el propio periodismo) dependen? (Es decir, por ejemplo, ¿se justifica el uso de la palabra “demagogo” en la última frase?)

 

Volvamos a Murrow

La respuesta para algunos, de acuerdo con un informe reciente de la revista Columbia Journalism Review (CJR) , ha sido a reconsiderar su cobertura y llevarla a cabo con el espíritu del periodismo que hizo famoso al locutor Edward Murrow hace más de 60 años.

Murrow centraba su atención en otro político vociferante, el feroz senador anticomunista Joseph McCarthy, recuerda la CJR, con palabras que todavía resuenan en la política estadounidense hoy en día:

“Él no creó esta situación de miedo, él simplemente la explotó, y lo hizo con bastante éxito,” dijo Murrow sobre McCarthy. La mayor parte de la argumentación de Murrow se basó en las propias palabras de McCarthy, pero al final Murrow dejó a un lado su desprendimiento periodístico para ofrecer una recomendación directa: “Este no es momento para que guarden silencio los hombres que se oponen a los métodos del senador McCarthy, o para los que los aprueban,” dijo. “No podemos defender la libertad en el extranjero, sacrificándola en casa.”

El argumento es simple: dado que el lenguaje y las acciones de Trump rompen las normas sociales aceptables de la sociedad, los periodistas pueden considerar justificado el dejar a un lado temporalmente su deber por la objetividad, para dar lugar a una manera de informar abiertamente más crítica.

El escandaloso comportamiento de Trump, unido a su mentiroso y malicioso uso de la información, ha molestado a muchos en la industria de las noticias. Incluso, de acuerdo con una veterano activista, se está convirtiendo en una amenaza mundial para la libertad de prensa.

Muchos observadores en todos los bandos del espectro político se sorprendieron por su racismo y tendencias nacionalistas. Cada vez que abre la boca expresa sentimientos que abusan de los derechos de los demás. Ha hablado en contra de las mujeres, pero también de los musulmaneslos migrantes, los mexicanos, los medios de comunicación e incluso distinguidos militares veteranos han sido receptores de su lacerante ira sobre el mundo que le rodea.

Trump es el populista consumado. Es un político de circo con experiencia en el juego de los medios de comunicación, que sabe explotar la ansiedad, la ira y la incertidumbre de una minoría significativa de personas que han perdido la fe en su gobierno, el Estado y las instituciones – incluyendo el periodismo, dado que las últimas encuestas demuestran que la confianza del público en los medios ha caído a su mínimo de todos los tiempos.

Su éxito no necesariamente refleja un amplio respaldo hacia sus políticas, mucho menos hacia su carácter, pero es un signo de la crisis política, y este es el contexto que proporciona el enlace con Murrow y McCarthy – quien veía una conspiración comunista en cada esquina.

Mientras McCarthy dirigía sus ataques hacia los liberales, artistas e intelectuales en la búsqueda de culpables para generar un temor generalizado durante los primeros años de la Guerra Fría, Trump también parece estar a la caza de chivos expiatorios, en particular entre las minorías de migrantes y musulmanes en Estados Unidos, a quienes culpa de la actual crisis social y económica.

Pero los periodistas deben ser cuidadosos. Trump, a diferencia de McCarthy, no hace parte de la superestructura política. Él es una persona ajena – incluso a su propio partido – y se está postulando para presidente con todo el escrutinio público que esto conlleva.

 

Hacer preguntas difíciles

Como candidato a Casa Blanca, Trump tiene que ser objetivo de los medios, como el New York Times ha dicho, en particular para los periodistas que se toman en serio su responsabilidad de exponer los conflictos de intereses y la hipocresía en la vida pública, para proporcionar contexto a las declaraciones políticas extravagantes, y mantener un apego a los hechos en sus reportajes.

De hecho, hacer preguntas difíciles, destacando las mentiras y la manipulación engañosa de los hechos, manteniendo el equilibrio para exponer distintas opiniones, sigue siendo la mejor y más confiable manera de contar la historia de Trump.

Muchos reporteros preguntan si, cuando tanta evidencia se acumula sobre su actitud hacia las mujeres ; su flojo apego a los hechos y poco respeto hacia los demás; y sus incitaciones  el odio y la intolerancia, el periodismo todavía debería verse obligado a buscar “equilibrio” narrativo en sus informes.

La respuesta, sencillamente, es que sí. Pero sólo cuando los hechos permitan hacerlo. No podemos hacernos los de la vista gorda cuando hay realidades que saltan a la vista, excusándonos en nuestro compromiso absolutista con el periodismo “equilibrado”. Lo hacemos cuando los hechos lo exigen.

Una cosa que todos hemos aprendido de la campaña Trump – y también del debate sobre el Brexit en el Reino Unido, donde los políticos también ganaron gracias a que lograron inventarse una campaña llena de mentiras que alimentaron el miedo- es que si queremos generar confianza en el público y hacer que la democracia funcione, necesitamos respetar los hechos y adherirnos a ellos.

En todas partes la gente está despertando a esto. Hoy en día hay más de 100 sitios web dedicados a la comprobación de los hechos, y Google, con algo de retraso, ha introducido su propio servicio de verificación en su sección de noticias.

 

Una amenaza global

Esta tendencia reconoce que en todo el mundo, y no sólo en los Estados Unidos, hay un desencanto generalizado del público con el gobierno, la política y las instituciones tradicionales. El amiguismo entre los medios y la política significa que la gente a menudo ve a los medios de comunicación como parte del problema, no como la solución a su ansiedad.

Los periodistas y editores en los Estados Unidos, la mayor parte de Europa, y en algunos poblados dispersos de la democracia en todo el mundo, gozan de un grado de libertad en su trabajo y pueden informar sobre fenómenos como el de Trump en su contexto, pero otros no son tan afortunados.

La campaña de Trump es una historia global y hay un montón figuras más autoritarias que él en la política mundial, y algunos de ellos ya tienen el poder en sus manos.

Erdogan en Turquía, Putin en Rusia, y Orban en Hungría, todos ellos han seguido un camino democrático para llegar al poder, pero tienen pocas nociones de pluralismo democrático o libertad de prensa. Los medios independientes se enfrentan a enormes desafíos en estos países y los periodistas a menudo arriesgan sus puestos de trabajo o su libertad cuando se levantan a defender los principios de imparcialidad e información equilibrada.

Su apego a estos valores a pesar presión política debería hacer que los periodistas y editores en los países donde la prensa es libre, reflexionen acerca de cómo la integridad editorial y los valores éticos hacen del periodismo una parte diferente del discurso público.

En una época en que la confianza del público en la política y el gobierno es peligrosamente baja, y está creando un terreno fértil para las políticas llenas de odio de Trump y otros, los medios de comunicación necesitan tomar distancia del poder político y empresarial, y ponerse de pie por el periodismo ético.

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Artículo original traducido del inglés por Hernán Restrepo, gestor de contenidos de la Red Ética Segura. Reproducido con permiso de EJN. 

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