Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En muchas partes la presión contra el ejercicio del periodismo libre es el riesgo de sufrir un atentado del crimen organizado. Mi pregunta es: ¿en esos casos, vale más una nota que una vida, si hablamos de que la ética busca el respeto de la vida? Cuando se han analizado, desde el punto de vista de la ética, las muertes de periodistas que han sido asesinados en el ejercicio de su profesión, se han obtenido conclusiones como estas:
Que ninguna de esas muertes se puede incluir en normas generales. Cada una de ellas obedece a características tan propias que se resiste a una consideración abstracta como la que se formula en la pregunta.
Detrás de cada muerte hay una decisión personal, tan respetable como la del que, ante su propia circunstancia, opta por conservar la vida.
No siempre el de la vida es el máximo valor. El padre que la subordina a la protección de su familia, o al honor de su esposa o de sus hijos, el soldado que la arriesga o la pierde por el servicio a la patria, son ejemplos que se explican, lo mismo que la del periodista que muere por decir la verdad, porque el valor de la vida para ellos, en su circunstancia, deja de ser el máximo valor.
Esa decisión ha sido tomada en el momento mismo, no ha sido producto de una deliberación, sino el resultado de una obediencia a la naturaleza, o de padre, o de soldado, o de periodista, que antepone otros valores al de la vida.

Documentación.

El 25 de mayo del año pasado, Jineth Bedoya, una periodista de 27 años con seis de ejercicio profesional, visitó la cárcel La Modelo para hacer una entrevista. Ese día fue raptada y atacada en forma salvaje durante 14 horas, al cabo de las cuales, la abandonaron en la vía entre Villavicencio y Puerto López, en el Meta. (Colombia) Casi un año después ha contado las razones por las que permanece en el país y continúa su trabajo como periodista de orden público.
"Después del secuestro, embajadores europeos y el de Canadá estuvieron pendientes de mí por si quería salir del país un tiempo. El que yo considerara prudente. Los organismos de prensa internacional me preguntaron que si quería irme a estudiar al exterior y la Universidad de la Sabana me consiguió una beca para España. Gracias a Dios recibí apoyo porque sé que otros colegas no.
El director me propuso cambio de fuente o ubicarme en otra sección, pero yo le dije que si él quería apoyarme que me dejara en orden público. Después de todo lo que me pasó, afrontar el secuestro, la agresión sexual, la humillación, pensé que la mejor terapia era quedarme con mi trabajo para recoger los pedacitos que quedaron y arrancar de cero. Hasta el momento creo que hice la mejor elección. Mi fuente me gusta. Esto me ha servido mucho. Pero no descarto que algún día me tenga que ir. En tres oportunidades, en que me han entrado las depresiones duras, me he preguntado: ¿qué hago aquí?
La verdad es que me da más miedo irme que estar sola. Yo me he recuperado profesionalmente, pero como mujer no he asumido lo que me pasó. En noviembre estuve un mes en Canadá, recibiendo un premio internacional a la libertad de prensa, otorgado por la Asociación de Periodistas Canadienses. Dicté varias charlas y, a pesar de que fue un mes no más, estuve muy mal emocionalmente porque estaba lejos de la gente que quería, del trabajo. Ahora ando con escolta y en el carro blindado que era de don Guillermo Cano. Mi causa es el periodismo. Estoy enamorada de mi carrera."

Jineth Bedoya.
En Semana. 05-02-01. Bogotá.

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