Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En lo que hoy llamamos periodismo de investigación, en muchos casos logramos todas las pruebas que necesitamos para denunciar un hecho de corrupción. ¿Aún en estos casos debe permitirse al " afectado" la oportunidad del descargo?
La información de denuncia nunca puede convertirse en un acto de condena, que es propio y exclusivo de la autoridad judicial. Dicho en otros términos: nada autoriza al periodista a reemplazar a los jueces.
El caso, tal como ha sido propuesto, no solo supone una actividad condenatoria con el argumento de que se han logrado todas las pruebas sino que plantea la posibilidad de que al afectado se le niegue el derecho de responder. Ese derecho a la presunción de inocencia, es de todos los ciudadanos y ninguna autoridad, y obviamente ninguna persona, puede atribuirse facultad alguna para negarlo. Hacerlo sería tomar la justicia por la propia mano.Loa pregunta toca una falla común en la prensa: la de atribuirse autoridad para condenar y para hacer justicia desde sus titulares, en detrimento de su verdadera tarea que es la de urgir y apoyar la acción de la justicia que no es lo mismo que reemplazarla.

Documentación.

La presunción de inocencia aparece reconocida expresamente en el artículo 9 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789.Han pasado más de doscientos años. La presunción de inocencia significó en ese momento la abolición de la tortura como instrumento procesal. Era un clamor incoado en los planteamientos de múltiples juristas del siglo XVIII y que finalmente hace también suyo el Poder Real.
En sus inicios fue una reacción pura y simple ante los abusos y excesos del Procedimiento Penal del antiguo régimen en que el sospechoso era tenido como culpable con todas las consecuencias hasta el final del proceso, o incluso hasta después de una sentencia absolutoria.
Antes de la consolidación de la presunción de inocencia, el sospechoso quedaba en la situación de " esclavo de la curia" .
Esa peculiar esclavitud ha sido casi extirpada de raíz. Pero la esclavitud no ha terminado para el sospechoso. Ahora toma forma en los aledaños de la información.
Piensa Jean Baudrillard que el escándalo se ha apoderado en tal grado de la sociedad actual que esta se ha vuelto más vulnerable a su propia corrupción " porque el exceso de información es un cáncer." En su opinión " el virus se desliza, como en los sistemas electrónicos, allí donde el sistema está saturado, y actúa a placer. No es una función natural, sino una cierta patología: la información se hace patológica."
Una información patológica siempre convertirá al sospechoso en un esclavo de la información. No son un consuelo suficiente - para muchos de nuestros contemporáneos aquellas palabras de Tocqueville: " para disfrutar de los inestimables beneficios que asegura la libertad de prensa, es necesario someterse a los males inevitables que ocasiona." El desafío está, mas bien, en mantener vivos e íntegros todos los derechos humanos, en todo tiempo y en toda circunstancia. Asegurar al unísono la plena vigencia del derecho a la información y de la presunción de inocencia.

Carlos Soria
En La ética de las palabras modestas. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín. 1997.

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