¿Hasta qué punto es ético indagar la vida privada de algún personaje sin importar las consecuencias?
22 de Septiembre de 2016

¿Hasta qué punto es ético indagar la vida privada de algún personaje sin importar las consecuencias?

Foto: Pixabay.com

¿Hasta qué punto es ético indagar la vida privada de algún personaje sin importar las consecuencias? El respeto de la vida privada aparece en los códigos de ética periodística, como una de las normas de mayor consenso. Las legislaciones, por su parte, protegen este derecho y prevén sanciones para quienes lo violen. Tienen acceso a la vida privada quienes por razones de interés público, deben investigar a las personas es el caso de los jueces cuando autorizan una interceptación telefónica o de la correspondencia, o un allanamiento.

El periodista, en cambio, no es juez, ni investigador judicial, por tanto carece de la autoridad con que los jueces invaden la vida privada de las personas en busca de pruebas para confirmar inocencias o culpas.

Es aún más inviolable y estrecha la esfera de lo íntimo, que es el espacio más propio de cada persona. Aún los personajes públicos, cuya vida privada puede ponerse en evidencia si afecta de algún modo lo público con todo, ellos tienen derecho a su intimidad.

Entre las razones que sustentan ese derecho, se encuentra su relación con la libertad. Se ejerce la libertad cuando se decide, y cualquier decisión pasa por ese lugar íntimo que es la propia conciencia. Allí, libre de las presiones que genera la presencia de otros, es donde el ser humano es más él mismo y donde puede decidir por sí. Esto es posible cuando a la persona se le garantiza su intimidad, esa condición en que uno opta sin que nada ni nadie se lo impida.

Documentación.

No es posible la intimidad humana sin libertad. Para que yo pueda considerar un acto como mío y de hecho sea propio, es preciso que no me sea impuesto, a menos que acepte la imposición. Sólo nos apropiamos de los actos libres. Por eso la estrecha relación entre libertad e intimidad se expresa particularmente en la donación. La libertad más alta es la de darse a sí mismo y darse uno mismo es dar la intimidad. De aquí la intuición sobre el valor absoluto de la intimidad la comunicación de esta requiere el consentimiento libremente expreso. Quien se apodera injustamente de la intimidad no se apropia de algo de la persona, sino de la persona misma.

[...] La libertad configura la intimidad, crea el espacio de la intimidad. De algún modo somos lo que hacemos, nuestras obras y nuestra vida vivida �relaciones, personas y todo aquello que ha dejado la impronta en nuestra persona- Nuestra historia personal es también en buena medida nuestro ser personal. En este sentido solo el hombre posee biografía, porque dispone de intimidad. Y, como en la memoria no es posible poseer el pasado, la memoria juega un papel de primer orden en la apropiación de la intimidad".

Norberto González G.
ética de la Comunicación y de la Información. Ariel, Barcelona, 2002. P 170 171.

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