Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cómo enseñar a los alumnos de periodismo que se puede ser ético, cuando la realidad de los medios dice todo lo contrario? Los jóvenes están convencidos de que las noticias se mueven por los intereses de los medios y no para cumplir una función social. ¿Qué hacer? La ética no se enseña, se comparte no es un conocimiento, es sabiduría, por tanto, resulta de la experiencia. Como saber práctico que es, la ética es acción que tiene una base de conocimiento pero que en su esencia es una forma de actuar.

Esta forma de actuar no es la corriente en la realidad de los medios, aunque sí aparece en leves atisbos en el ejercicio diario de la profesión y son esos destellos de lo ético los que pueden servir como punto de partida para una percepción del mundo ético. Me refiero a esa búsqueda de excelencia profesional que alienta en todo periodista que desea ser el mejor.

Cuando ese ánimo se da, el periodista dispone de elementos válidos para hacer su búsqueda ética. La ética, en efecto, es una convocatoria para ser excelente en lo personal y en lo profesional, mediante el desarrollo de las posibilidades que hay en todo ser humano.

Entenderlo así y ponerlo en práctica no es tan sencillo como aplicar una fórmula. Es una creación diaria que implica disciplina y esfuerzo. La ética, por tanto, es solo para quien quiere esforzarse y crear en sí una obra de arte como ser humano y como profesional que es en todo diferente de la resignación a lo que se es, y de la mediocridad de los que están satisfechos con lo que son. En todas partes se encuentran ejemplos de periodistas de calidad. Mirar su ejemplo, escucharlos es un buen comienzo de reflexión ética. Así le ocurrió al mundo del periodismo con Ryszard Kapuscinski, el gran reportero del siglo XX. Fue y sigue siendo un ejemplo de lo que un periodista puede llegar a ser.

Documentación.

No le preguntes a nadie qué es lo que debes hacer con tu vida: pregúntatelo a ti mismo. Si deseas saber en qué puedes emplear mejor tu libertad, no la pierdas poniéndote ya desde el principio al servicio de otro o de otros, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de tu libertad... a la libertad misma.

Claro, como eres chico listo puede que te estés dando ya cuenta de que aquí hay una cierta contradicción. Si te digo "haz lo que quieras" parece que te estoy dando de todas formas una orden, "haz eso y no lo otro", aunque sea la orden de que actúes libremente.

(...) El asunto es serio: no se trata de pasar el tiempo sino de vivirlo bien. La aparente contradicción que encierra ese "haz lo que quieras" no es sino un reflejo del problema esencial de la libertad misma: a saber, que no somos libres de no ser libres, que no tenemos más remedio que serlo. ¿Y si me dices que ya está bien, que estás harto y que no quieres seguir siendo libre? ¿Y si decides entregarte como esclavo al mejor postor o jugar que obedecerás en todo y para siempre a tal o cual tirano? Pues lo harás porque quieres, en uso de tu libertad y aunque obedezcas a otro o te dejes llevar por la masa seguirás actuando tal como prefieres: no renunciarás a elegir, sino que habrás elegido no elegir por ti mismo. Por eso un filosofo francés de nuestro siglo, Jean-Paul Sartre, dijo que "estamos condenados a la libertad". Para esa condena no hay indulto que valga.

Savater Fernando.
ética para Amador, Ed. Ariel S.A, Barcelona, 1991, p. 69-71.

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