¿El publirreportaje es parte del periodismo?
21 de Septiembre de 2016

¿El publirreportaje es parte del periodismo?

¿El publirreportaje es parte del periodismo? ¿Cómo actuar éticamente frente a los publirreportajes?

Respuesta: El publirreportaje es el resultado del mestizaje entre periodismo y publicidad en que lo publicitario predomina hasta hacer desaparecer lo periodístico. La práctica de los medios que encomiendan esa tarea a publicistas es la que más se acerca al ideal ético; cuando esa tarea se le asigna a periodistas, se les crea una dualidad dañina porque el periodista, por formación y por talante profesional, no está hecho para manejar las medias verdades del publicista, sino la verdad más cercana a la realidad de los hechos. El publicista, en efecto, orienta la información a las conveniencias de la persona, entidad o producto que sirve, y es lo que se propone con el publirreportaje en el que, bajo la apariencia de una información periodística, difunde un mensaje comercial. En este sentido el publirreportaje tiene mucho de impostura y de engaño al lector. El periodista sabe que no sirve a nadie más que a su lector. No acepta presiones del anunciante, ni del gerente, ni del propio director cuando estos quieren apartarlo del servicio a ese único amo que respeta, el receptor de su información. Obligar al periodista a que escriba publirreportajes es violentar su conciencia ética. Peor aún, cuando el periodista es quien acepta una tarea que pervierte su profesión, para ganar algún dinero extra. El medio que publica publirreportajes, sin advertirlo al público, incurre en un engaño. Denunciar esta clase de prácticas es tan necesario, quizás más, como advertir sobre la venta de agua contaminada, drogas vencidas o alimentos descompuestos. Son engaños en que se abusa de la buena fe del público y que, además, hacen daño.

Documentación

 La publicidad debe decir la verdad con su lenguaje peculiar. Su finalidad lucrativa se presta a toda clase de abusos, desde la excitación irracional del deseo de posesión, hasta la explotación de las pasiones. A pesar de todo lo peor de la publicidad es su amenaza constante a la libertad de elección del comprador. El recurso a las técnicas de persuasión para excitar el deseo de m comprar bombardeando el inconsciente de los potenciales compradores, desemboca siempre en lo mismo, impedir la libertad de elección del cliente. La publicidad se practica como una retórica contra la libertad interior de los potenciales compradores. Como servicio de información comercial es conveniente y útil. Pero el fin supuestamente bueno no justifica el recurso a cualquier medio para lograrlo. Dado que la publicidad como lenguaje es una retórica persuasiva e interesada, solo podrá aceptarse en la medida en que el consumidor puede defenderse contra el acoso de la persuasión. Si la publicidad agrede alegre e indiscriminadamente la libertad ajena, pierde su legitimidad ética al no poder justificar su status profesional y de servicio social. Los tratadistas y textos legales insisten en que la publicidad debe presentarse como un servicio informativo de mercado. En consecuencia debe decir verdad, aunque lo haga con métodos persuasivos e intenciones no desinteresadas.. Ya no basta reivindicar la verdad sobre la naturaleza y calidad de los productos y servicios ofertados. En nombre de la ética hay que ir más lejos, exigiendo el respeto previo a la libertad de los consumidores. De lo contrario siempre habrá fundamento para considerar la actividad publicitaria como sospechosa. Niceto Blázquez: Ética y Medios de Comunicación. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1994, pp634-635.

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