¿Cómo debe actuar el periodista cuando se publica algo ''que no debería saberse''?
21 de Septiembre de 2016

¿Cómo debe actuar el periodista cuando se publica algo ''que no debería saberse''?

Como dos meses después de la liberación de un ganadero secuestrado por guerrilleros del Ejército del Pueblo Paraguayo, UH accedio a las comunicaciones que tuvo el negociador, hermano del ganadero, con los secuestradores. En la grabación van apareciendo los diversos momentos del proceso que llevó al pago del rescate.
Mientras el ganadero estuvo en cautiverio, UH mantuvo un máximo de prudencia para que se preservara el valor fundamental: la vida de la persona.
Cuando ese objetivo se cumplió, UH estimó que su deber ético era publicar el material que tenía para que la opinión pública se enterara de lo ocurrido y comparara con lo que se había informado oficialmente.
El Gobierno y los familiares del secuestrado cuestionaron de no ética nuestra postura porque se revelaron “cosas que no debían saberse”. Nos tildaron de irresponsables, sin ética, etc.
Jamás, sin embargo, dijeron que los documentos hablados que transcribimos eran falsos.
¿Cuál es la posición suya con respecto a esto?. Le parece que obramos bien o que el Gobierno tuvo razón al cuestionarnos?

Respuesta: La consulta plantea tres puntos de interés: El periódico en su momento estimó que era su deber ético publicar el material que tenía. ¿Cuál era el material que debía publicar? Siempre se impone una selección del material que un periódico reúne, porque no todo el material es publicable. Debe publicarse lo que es de interés público, o sea lo que afecta de algún modo el bien de todos. Lo que sólo responde a la curiosidad, es material de segunda o de tercera. Además, el material para publicar, no ha de afectar los derechos de las personas, por ejemplo el de la intimidad. Por tanto, tener disponible un material no es suficiente razón para publicar, porque no todo es publicable. ¿Quién decide lo que no es publicable? ¿o sea "lo que no debe saberse"? Por supuesto que esa potestad, solo excepcionalmente le corresponde al gobierno. Que es cuando una información es secreto de estado, porque puede poner en peligro la seguridad o los intereses de la sociedad; por ejemplo: algunos asuntos militares, o relacionados con la economía. En otros temas, el gobierno hace bien al abstenerse de intervenir. Los propios interesados pueden decidir que no se publiquen datos que correspondan, sin duda, a la intimidad familiar; pero en este punto las familias son malas juezas, porque una susceptibilidad extrema hace ver como intimidad impublicable asuntos que no lo son. Queda, entonces, el poder de decisión, en los propios periodistas. Guiados por el criterio de bien común, ellos evalúan lo que puede publicarse y lo que no. La capacidad para hacer este juicio supone que se descarta el interés privado del periodista y del periódico y que se le da toda la importancia al interés del lector y a través de él, de toda la sociedad. De todo lo anterior se concluye que al mirar el material disponible, no es criterio suficiente para publicarlo que sea verdadero. Hay materiales verdaderos que no deben publicarse, o porque violan el derecho a la intimidad, o porque no tienen interés público, o porque se trata de asuntos supérfluos,o porque podrían hacerle daño a alguien.

Documentación

Hay un modo comprometido y realista de informar sobre la violencia. Interesarse por los hechos violentos, pero también por las ideas y las alternativas en que pueda basarse la solución de los problemas sociales. Unamuno acuñó una expresión- difícil de pronunciar- con la que pretendía sustituir una noción imposible: la noción de neutralidad. Unamuno llamó alterutralidad a la actitud que permite pensar por encima de intereses, bloques y fronteras físicas o mentales. El periodismo realista y comprometido tiene que ser también alterutral al informar de la violencia. Detrás de toda violencia suele haber un problema real, o al menos los flecos finales de un auténtico problema real. Por este motivo la violencia, toda violencia, se asienta sobre un fondo magmático, de verdades a medias, de sombras de verdades que confiere ala violencia su capacidad de propagación. La información no puede ser indiferente a este fondo de verdad que subyace tal vez en toda violencia. “¿Qué se puede hacer contra la violencia, sin violencia? “ se preguntaba Cicerón. Quizás se puede hacer lo que propone Desantes cuando surgen los choques, los roces, los enfrentamientos. Entonces es la hora de que el periodista oponga al espíritu de discordia su voluntad de concordia; ponga paz en donde no haya paz, intente vencer la violencia con la fuerza de una información clara, justa, recta.” Carlos Soria: La ética de las palabras modestas. Universidad Pontifica Bolivariana de Medellín. 1997. Pág. 147-148.

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