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En el ejercicio profesional de los relatores y comentaristas del fútbol los adjetivos valorativos afloran con unas connotaciones non sanctas. ¿Qué pensar de esto desde el punto de vista ético?

24 de Mayo de 2010

Consulta enviada por: Servio Tulio , Colombia

En el ejercicio profesional de los relatores y comentaristas del fútbol los adjetivos valorativos afloran con unas connotaciones non sanctas “Un tiro peligroso”, “el equipo X está armado”. Y ni qué decir de las expresiones desbordadas de agresividad y convocantes a reacciones violentas entre la afición. ¿Qué pensar de esto desde el punto de vista ético?

El periodismo deportivo, puesto que frecuentemente se hace en caliente, pone a los periodistas en la difícil situación de mantener bajo control sus emociones y sus palabras, como condición para hacer un periodismo serio y creíble.
Las transmisiones en vivo y en directo, por radio y por televisión, ofrecen el peligro de que los hechos narrados resulten alterados por las preferencias del periodista o por las emociones del momento. Es cuando se echa mano de la adjetivación, que puede ser una forma de opinar, o un elemento útil para describir.
El periodismo tiene el objetivo de prestarle al lector el servicio de una información exacta y completa, por tanto todo adjetivo que equivalga a opinión impide que se cumpla esa finalidad, y le resta credibilidad al periodista y al medio. El receptor de información no perdona con facilidad que, so pretexto de informarle se lo pretenda manipular ideológicamente o en cuestión de lealtades a un equipo, partido, líder, gobernante o grupo religioso.
En cambio, el adjetivo que describe una situación, un hecho, o un personaje, contribuye al gran objetivo de poner al receptor en la primera fila de los hechos.
La dificultad está en determinar dónde termino el terreno de lo opinable y dónde comienza el de lo descriptivo. La sensibilidad ética de respeto y de voluntad de servicio a los receptores, es la mejor de las guías.
Documentación.
Al hablar de la objetividad de la información periodística hace falta considerarla como una tendencia y un empeño o meta, o como un firme intento del que informa para ver, comprender y divulgar un acontecimiento tal como es y se produce en su ambiente y contorno, prescindiendo de las preferencias, posturas e intereses propios. En la práctica la información objetiva se ve obligad a formar una opinión sobre los hechos, pero no sobre los sentimientos. Obliga a dar a conocer la complejidad del problema de una sociedad moderna, a escuchar los argumentos del contrario, a fomentar el respeto y la tolerancia con las opiniones contrarias, sin que uno claudique de su propia opinión y de sus argumentos. Por lo tanto la objetividad es un ideal al que se tiende y cuya base es la verdad, como relación de certeza entre el sujeto y el objeto, entre el promotor y el hecho, entre el dato y el acontecimiento.
En toda objetividad informativa, en el fondo, como fin se encuentra la verdad. Pero esto no quiere decir que estas dos nociones se confundan, como se hace a veces, hasta negar la posibilidad de expresar la verdad. En este sentido muchos hablan de la verdad objetiva y subjetiva, del hecho y las circunstancias, de la necesidad y de la suposición. Todo esto es como decir, en nuestro caso, que el periodista, por la múltiple existencia de verdades sobre el mismo hecho, puede informar como le plazca, como le parezca más conveniente o como crea que conviene a la empresa, al público o a una ideología. No puede existir un error más grave que este no solo en la labor periodística sino, en general, en el comportamiento moral del hombre.
Luca Brajnovic: Deontología Periodística. Editorial Universidad de Navarra, Zaragoza, 1978. Pp 101, 102.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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