¿Es ética la publicación de las fotos de los cuerpos sin vida de guerrilleros abatidos?
21 de Septiembre de 2016

¿Es ética la publicación de las fotos de los cuerpos sin vida de guerrilleros abatidos?

¿Es ética la publicación de las fotos de los cuerpos sin vida de Jojoy, Raúl Reyes o Pablo Escobar? ¿No se viola la intimidad de la familia, no se pueden herir susceptibilidades por lo fuertes que son? ¿Se justifica esta imagen en la primera página de un periódico, o es
simplemente sensacionalismo?

Respuesta: En la fotografía se pueden dar, con mayor vigor que en las palabras, los aciertos o los errores del periodista. Y aunque los Manuales de Estilo se esmeran en sus normas para evitar los abusos y estimular los aciertos, las solas normas no son suficientes. Es imposible que la aplicación mecánica de las normas baste para hacer un uso éticamente adecuado del lenguaje fotográfico. Se necesita, además, una sensibilidad ética. Las normas hablan de elementos de veracidad que preservan la versión de la realidad, de alteraciones a través de la manipulación en el encuadre, en la iluminación, o en la edición. Uno es el efecto de la imagen de Reyes muerto, en primer plano y otro el de esa misma imagen enmarcada entre las botas de los militares que rodean el cadáver. También hablan las normas sobre la diferencia entre la intencionalidad mercantil de quienes disponen la foto entre titulares y textos de escándalo, con colorido llamativo y en una primera página; o la intencionalidad informativa de quien publica la misma foto en un contexto que permite entender la importancia social del hecho. Las fotos, lo mismo que los textos pueden responder a una necesidad social de conocimiento. En el caso del guerrillero abatido, la sociedad puede entrar en confusión cuando interviene el mito que surge de manera espontánea cuando se trata de personajes de esta clase: “no ha muerto, porque estaba “rezado”” “es un falso positivo y el cadáver no es el del guerrillero,” fueron algunos de los comentarios inspirados por el mito del guerrillero inmortal. Sucedió en este caso y volverá a suceder si la información pública no es suficientemente clara y contundente. No son razones suficientes para suprimir la foto, las muy sujetivas “susceptibilidades”. En cambio el criterio del servicio público que prestan una información o una fotografía, da una clara indicación. A partir de ese criterio se sabe porqué el cadáver ensangrentado de un asaltante abatido por la policía no debe ir en primera página, y sí el de un jefe guerrillero con amplio historial delictivo que lo había convertido en enemigo público.

Documentación

 Las imágenes fotográficas tienden a sustraer el sentimiento de lo que vivimos de primera mano, y los sentimientos que despiertan generalmente no son los que tenemos en la vida real. A menudo algo perturba más en las fotografías que cuando se vive en la realidad. En 1973, en un hospital de Shangai, observando cómo les extirpaban nueve décimas partes del estómago bajo anestesia de acupuntura a un obrero con úlcera avanzada, fui capaz de seguir esa intervención de tres horas ( la primera operación de mi vida que observaba sin náuseas) y ni una vez sentí la necesidad de desviar la mirada. En un cine de París, un año más tarde, la operación menos cruenta del documental de Antonioni sobre China, Chung Kuo, me hizo estremecer al primer corte de escalpelo y desviar los ojos varias veces durante la secuencia. Somos vulnerables a los hechos perturbadores en forma de imágenes fotográficas, como lo somos ante los hechos reales. Esa vulnerabilidad es parte de la característica pasividad de alguien que es espectador por segunda vez, espectador de acontecimientos ya formados, primero por los participantes y luego por el productor de imágenes. Para la operación real me hicieron fregar, ponerme en bata y luego permanecer junto a los atareados cirujanos y enfermeras, desempeñando mi papel de adulta cohibida, huésped cortés, testigo respetuosa. La operación de la película no solo impide esa participación modesta sino toda contemplación activa. En la sala de operaciones soy yo quien cambia de foco, quien hace los primeros planos y los planos medios. En el cine Antonioni ya ha escogido qué partes de la operación yo puedo observa; la cámara mira por mí y me obliga a mirar, y no mirar es la única opción contraria. Además, la película condensa en pocos minutos algo que dura horas y deja solo partes interesantes presentadas de manera interesante, es decir, con el propósito de conmover o sobresaltar. La dramático se dramatiza mediante el didactismo de la presentación y el montaje. En una revista pasamos la página, en una película se inicia una secuencia nueva, y el contraste es más brusco que el contraste entre hechos sucesivos en el tiempo real. Susan Sontag: Sobre la fotografía. Random House, Barcelona 2008, pp 163 164.

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