Consultorio Ético de la Fundación Gabo
21 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Quisiera conocer el punto de vista ético sobre la postura de nuestros compañeros periodistas de El Diario de Ciudad Juárez, Chihuahua. Las situaciones vividas por el periodista Guillermo Cano, director de El Espectador, fueron similares a las que padece El Diario de Ciudad Juárez, sólo que más graves.
El Espectador perdió su edificio y sus maquinarias cuando explotó un camión bomba que dejó todo en ruinas; y en sucesivos atentados fueron asesinados cuatro colaboradores del periódico y, finalmente, su propio director. En una capital importante, Medellín, el periódico solo pudo circular clandestinamente y sus oficinas se cerraron por la persecución inclemente del cartel de Pablo Escobar.
La respuesta del periódico después de la devastadora campaña, se expresó en un titular de primera página del periódico redactado y levantado entre el edificio en ruinas: “Seguimos Adelante.”
En ese momento, por sobre la voz de los violentos, armados y amenazantes, se levantó y se oyó la voz de lo mejor de la prensa colombiana que se fundó en estas razones que le impedían callar o pactar:
1. Porque “el deber de informar no se suspende por la adversidad de las condiciones.” (El Espectador, 23-09-10) La información es un servicio tan necesario para la sociedad, como para el cuerpo humano el agua, la luz o el aire. Son servicios que no se pueden suspender y los encargados de suministrarlos saben que deben garantizarlos porque es la vida humana la que depende de ese suministro. La vida de una sociedad es la que se preserva cuando se le garantiza la información.
2. Puesto que es un servicio esencial, quienes lo prestan tienen el deber de unirse para presentar un frente común, no en su defensa, sino en defensa de la sociedad. No son los medios, individualmente considerados, los que importan, es toda la sociedad la que se ha de defender. “La prensa en cualquier lugar del mundo debe ser solidaria con los colegas mejicanos.” (El Tiempo, 24-09-10) A partir, desde luego de la solidaridad de los periódicos y medios de comunicación mejicanos. No es un solo periódico el que resulta amenazado, son todos. Si uno transige, debilita a los demás.
3. Dar muestras de debilidad cuando el bien de la sociedad impone entereza, sería la muerte de la credibilidad del periodismo. El periodismo tiene, en la sociedad, una indiscutible fuerza de liderazgo en el que se apoya la ciudadanía que ve en él un bien público. Por eso lee los hechos con los ojos del periódico, y sigue la ruta que su prensa le señala. Si un periódico se rinde, es evidente que la sociedad le ha dejado abiertas las puertas al asaltante, para que tome posesión.
4. Es el futuro de la democracia el que está en juego. Es de la esencia de la democracia la discusión libre, la información sin ataduras, la opinión abierta; instrumentos todos que desaparecerían con el silencio impuesto o con la palabra obligada.
5. Al callar la prensa, sólo se oirá la voz de los violentos. Sobre el silencio atemorizado de la prensa se levantará el único discurso del violento en defensa de sus actos y de la violencia que los inspira.
Guillermo Cano fundó en razones como estas su respuesta a los narcotraficantes que le exigían un silencio cómplice. Y puesto que se negó a callar, lo mataron; pero la suya fue leída por la prensa colombiana como la única respuesta posible para el periodismo.
Desde la ética, un medio de comunicación antes que una empresa es un servicio social y por tanto responde no a una clientela, ni a una junta de accionistas, sino a toda la sociedad; y corre con la suerte de esa sociedad. La respuesta de Guillermo Cano, no fue la del representante de una empresa sino la del vocero de toda una sociedad asediada por los narcotraficantes, fue, por tanto, una respuesta de alto contenido ético.
La colombianización de Méjico debería entenderse también en este sentido.
Documentación.
Buscar una tregua si bien es comprensible cuando de por medio está la vida de los periodistas, resulta inadmisible. El deber de informar no se suspende por la adversidad de las condiciones. ¿Qué hubiera sido de Colombia si sus medios hubieran negociado con los capos de la mafia, las guerrillas o los paramilitares?
Dada la penosa persecución a la que están sometidos hoy los periodistas mexicanos, no pocos de ellos han buscado un ejemplo a seguir en la historia de El Espectador-que perdió el ala norte de sus instalaciones por un bombazo, vio asesinar a cuatro colaboradores y a su director Guillermo Cano, entre otras penurias de aquellos años ochenta en que la mafia del narcotráfico también fue aquél poder de facto-Igual de impotente y de indefenso, en aquel momento este diario también elevó su voz de protesta por la ausencia del Estado, como se recordará, dejando en blanco por algunas semanas el espacio de su editorial, ante la falta de garantías para el ejercicio libre del periodismo. Pero jamás se llegó a pensar en treguas o negociaciones sobre el manejo de la información.
Y no fue sólo El Espectador. Con los demás medios de comunicación, para blindarse de alguna manera de las agresiones, se creó impacto para compartir investigaciones y publicar todos los mismos reportajes, sin firma de los periodistas. El ambiente era hostil, pero los medios no claudicaron. Y tampoco lo deben hacer ahora los mexicanos. Si la posición de El Diario de Juárez es de protesta, bienvenida. Una tregua, en cambio, sería declarar la muerte de la esencia del buen periodismo.
Editorial de El Espectador 23-09-10
El Diario trata de evitar más derramamientos de sangre proponiendo una especie de tregua con las mafias de su ciudad. Sin embargo, ese camino por más lógico e inevitable que parezca ante lo desesperado de su situación, no es el más indicado si las instituciones mexicanas, incluido el periodismo, quieren sobrevivir a la guerra contra los narcotraficantes.
No son las salas de redacción las que deben ajustarse a los requerimientos de los delincuentes y es descorazonador que deban hacerlo para mantener a sus reporteros vivos. La prensa toda, en cualquier rincón del mundo, debe ser solidaria con los colegas mexicanos, especialmente con El Diario. La muerte de un periodista, por el hecho de querer cumplir con su tarea es inadmisible en cualquier circunstancia.
El impactante reclamo de este periódico de Ciudad Juárez tanto a los mafiosos como a las autoridades debería conducir, no a un pacto de autocensura, sino al fortalecimiento de las garantías para ejercer con libertad el oficio de informar. El futuro de la democracia mexicana es el que está en juego.
Editorial de El Tiempo, de Bogotá, 24-09-10

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