¿Hasta dónde se puede tratar temas como masacres de modo humorístico sin caer en el mal gusto o la frivolidad?
20 de Septiembre de 2016

¿Hasta dónde se puede tratar temas como masacres de modo humorístico sin caer en el mal gusto o la frivolidad?

Foto: Pixabay.com

Nos enfrentamos al problema del manejo de noticias que tienen que ver con ejecuciones, masacres, carros bomba. ¿Hasta dónde se puede tratar estos ausentes de modo humorístico sin caer en el mal gusto o la frivolidad?

Respuesta: Al tratar estos temas el caricaturista cumple una función en la que reúne las actividades del fotógrafo y la del columnista de opinión. En efecto, la caricatura es imagen y es opinión, por tanto para que sea excelente su tarea debe guiarse por los valores y principios éticos aplicables a los fotógrafos y a los columnistas de opinión. Unos y otros tienen un compromiso con la verdad. El rigor y la exactitud son imperativos para columnistas, para fotógrafos y para caricaturistas; cada uno dentro de su forma de expresión –la palabra, la fotografía, el dibujo- tiene el deber de la exactitud. Esa versión de los hechos es, asu vez, una respuesta a la sociedad que necesita conocer. El caricaturista, dentro de su estilo y expresión propios, amplía el conocimiento de los hechos que suceden, con su comentario. Algunas veces sus imágenes serán el eco de la indignación pública frente a algo, o del entusiasmo colectivo, o de las esperanzas o decepciones del público. A la vez que la refleja, también crea la opinión en cuanto hace visibles detalles de los hechos, o de los personajes, para motivar y estimular el conocimiento y el ejercicio de la crítica. Además cúmplela útil tarea de resumirles a los lectores los hechos que son objeto del interés público. Es don del caricaturista compendiar los sucesos o las situaciones con unos cuantos trazos. Aún las más dramáticas situaciones, tratadas por el caricaturista, dan comprensión, reflejan la crítica y resumen procesos. Una situación como la mejicana, en el lápiz del caricaturista se vuelve reflexión, o crítica, o comentario, pero nunca debe ser burla, ni sarcasmo, ni chiste ligero. El diario El País de España en su Manual de Estilo pone los puntos sobre las íes en esta materia: “Los dibujos o tiras de humor son consideradas elementos de opinión y por tanto responde al criterio de sus autores. No obstante no se permitirán chistes que ofendan la intimidad de las personas ni que ofrezcan imágenes desagradables.” ( a. 5.15.)

Documentación

 (El texto se refiere al caricaturista colombiano Ricardo Rendón.) El tratamiento de Rendón nos ofrece el efecto de un comentario, tal como se reflejaba en la mentalidad colectiva. En algunos casos el caricaturista seguía día tras día los ecos de la indignación pública que no se aplacaba fácilmente. En otros casos la insistencia era un mero recurso retórico, de la especie que se utiliza en toda campaña política. Pero aún en estos casos, que son los más frecuentes debe verse a Rendón como un reflejo de las pasiones políticas que agitaban a la muchedumbre. Se trata casi siempre de una visión que se ofrece al público de sus propias reacciones. Lo qiue sorprendía en las caricaturas de Rendón a sus contemporáneos, tal vez no fuera un valor estético permanente sino su fidelidad al reproducir estas reacciones colectivas. Era un proceso recíproco, en el que una naciente opinión pública se veía reflejada pero se iba formando también con los apuntes del caricaturista. La cualidad de intérprete de testimonios que de otra manera nos serían inaccesibles no debe sin embargo anular una apreciación sobre la obra de Rendón como creadora de opinión pública. Todavía hoy se emiten juicios inapelables sobre personas e incidentes; juicios que tuvieron su origen en algún apunte de Ricardo Rendón. Germán Colmenares, Ricardo Rendón. Fondo Cultural Cafetero Bogotá 1984. Pp 6,

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