Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué pasa con la responsabilidad de la TV local que no es juzgada como medio de alta cobertura, pero emite mensajes claros. Se necesitaría un observatorio de medios locales? Siempre que se trate de un medio abierto al público será necesario el observatorio o cualquier otro mecanismo que permita a los receptores expresar su reacción de aceptación, de rechazo, de propuesta o de comentario. Un medio de comunicación no puede concebirse como una voz solitaria y sin eco. Es propio de la palabra estimular la respuesta, que es la notificación de que la comunicación se ha establecido. El observatorio, pues, no debe ser mirado como filtro, control o censura, sino como interlocución en la que el ciudadano ejerce un derecho frente al medio de comunicación: el de participar como receptor activo. Este es un derecho que se deriva de los derechos que tiene el ciudadano como parte de una sociedad democrática. La aparición de voces únicas y de ciudadanos silenciosos que reciben contenidos pasivamente, es contraria a los principios de libertad e igualdad que rigen en toda democracia. El avance de las tecnologías de la comunicación está logrando eliminar los receptores silenciosos y crea las condiciones para que el receptor participe. Este, que es un logro de la tecnología digital, se busca con la alfabetización en medios tradicionales. La democracia y los derechos de las personas ganan cada vez que el ciudadano obtiene el acceso y la posibilidad de interactuar con los medios de comunicación. Estos, a su vez, aumentan su dinamismo y su riqueza informativa.
Documentación.
Las democracias modernas deben permitir que se tome la palabra, que todos podamos opinar, o identificarnos con quienes opinan de determinada manera. Esto no quiere decir que porque hablamos en un medio estamos en condiciones de cumplir cualquier función social. Con qué frecuencia vemos a periodistas convertidos en jueces, en legisladores, en expertos economistas, en sicólogos y hasta médicos, urbanistas o ingenieros. Creo que una educación en medios que nos haga democráticamente exigentes con ellos puede contribuir a que las cosas no se confundan. No estoy tan seguro de que la situación actual de los medios aquí y en otros países, pueda calificarse como de libertad y de juego democrático. Creo que no es lo mismo opinar que saber hacerlo. Creo que no es lo mismo informar que conocer. Creo que no es lo mismo libertad de prensa que prensa justa. No hay duda de que una educación en medios es una apuesta a la democracia, pero en primer lugar, porque es una apuesta a una mayor democratización de los medios. Educarse en medios, como una apuesta a la democracia significa aprender a distinguir la opinión de alguien, o de una corporación periodística. Es aprender a diferenciar la mera opinión, del argumento. Es resistirse a las condenas por fuera delos mecanismos del derecho. Creo que la mejor educación en medios, como apuesta a la democracia, es aprender a entenderá qué intereses responde un determinado medio, cómo selecciona las noticias, cómo trata la información y por qué. Sobre todo, sabiendo que hay otras formas, otras razones, otros argumentos. Es decir, desacralizando las noticias y las imágenes mediadas. Carlos A.Cullen en Comunicación, Medios y Educación. Octaedro, Barcelona 2003, página 72.

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