Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Afecta la televisión el desarrollo de los niños? Es ético lo que obedece a la naturaleza del ser humano, de las instituciones, de las cosas. Deja de serlo cuando contradice esa naturaleza porque impide su desarrollo y su progreso. La televisión como medio de comunicación obedece a su naturaleza en cuanto comunica lo mejor de los seres humanos y estimula su desarrollo. Esta es una posibilidad que, realizada, convierte a la televisión en un instrumento de humanización y de progreso personal y social. En la historia de la televisión se recuerdan programas y personajes que, al pasar por las pantallas contribuyeron a hacer de los televidentes mejores seres humanos. Es, pues, una posibilidad real. También lo es la posibilidad de que la televisión contribuya a la degradación de las personas, que es lo que ocurre cuando se convierte en el registro diario de todo lo sórdido y perverso que puede haber en los seres humanos. Al hacerlo, puede legitimar lo ilegitimable porque lleva a la conciencia colectiva la idea de que así somos y no podemos ser de otra manera, o de que todos actúan así y, por tanto, es uso aceptado. Además de esa influencia dañina de la televisión está su omnipresencia como entretenimiento de los niños a los que acostumbra al no esfuerzo, al no uso de sus facultades, al ejercicio de ver y oir sin pensar. Daño no atribuible a la televisión misma, sino a sus usuarios que hacen mal uso de ella. Obviamente esta no es la naturaleza de la televisión y por tanto son prácticas alejadas de su uso ético.
Documentación.
Buena parte de la investigación sobre la influencia de la televisión en los niños, encubre una doble paradoja. De un lado, los investigadores se dicen preocupados por los niños, pero en la mayoría de lo que se publica a ese respecto, lo que ocupa el centro no es el mundo infantil, sino el dañino mundo de la televisión; obsesionados con su poder maléfico, los investigadores acaban olvidándose de los niños, o lo que es lo mismo, reduciéndolos a su condición de espectadores de televisión. De otro, muchos de los estudios sobre recepción de televisión han estado, y están aún, dirigidos a corregir el ver de los telespectadores partiendo de las concepciones y prejuicios de quien no ocultan su receloso desprecio hacia ese medio, es decir de quienes no entran a la televisión sino para estudiarla y así educar el ver y el gusto de los que gozan viéndola. Contra esa doble trampa proponemos una investigación en la que caracterizar a los niños como audiencias significa asumirlos a la vez como consumidores y como ciudadanos, como sujetos que dedican muchas horas a ver programas de televisión y como actores sociales que elaboran, con ello a representaciones de sí mismos y sobre los demás. De ahí el objetivo explícito y crucial de este estudio sea la exploración de los imaginarios que sobre la familia, el barrio, la ciudad, el país y el mundo se hacen los niños, y del complejo y ambiguo rol que la televisión juega ahí, en el hacerse y deshacerse de las imágenes desde y con las que nuestros niños sueñan el país, sufren y aman la familia, disfrutan y recrean el barrio, temen y habitan la ciudad. Jesús Martín Barbero en Oficio de Cartógrafo, Fondo de Cultura Económica, México, 2002 pp 405, 406.

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