Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué es lo ético en la relación medios y organizaciones civiles, públicas o privadas: ¿ayudarlas haciendo propaganda a sus trabajos? O mantener la objetividad y hablar de ellas solo cuando son noticia? Es una equivocación común la que atribuye a los medios una función de propaganda cuando dependen de entidades públicas. Como las propias entidades, los medios se deben al público, no a las entidades y mucho menos a los funcionarios. No se puede perder de vista que funcionarios y entidades tienen una deuda con el público y que a él se deben. El medio de comunicación de esas entidades está al servicio del público y no de los funcionarios. Algo parecido sucede cuando los medios están al servicio de las organizaciones sociales, no oficiales. También estas, lo mismo que las entidades públicas, tienen su razón de ser en el servicio a la comunidad, por tanto sirven para movilizar la sociedad, o para organizarla, coordinan sus agendas informativas de modo que la de la sociedad inspira la del medio y la de éste fortalece la agenda de la sociedad, y entrambas influyen en la opinión pública. La materia prima del medio de comunicación, sea privado o público, es la misma: los asuntos que conciernen a la sociedad, un elemento que es de todos y que, al ser convertido en información, genera deberes, entre otros el de la verdad. Si en vez de procesar ese material de información, se lo manipula como propaganda, es obvio que no se tiene en cuenta la naturaleza del medio y de su materia prima y que se le está negando la verdad a los receptores.
Documentación.
El rol de los medios es agregar valor a los cambios sociales, haciéndolos visibles, promoviendo perspectivas de interpretación, generando debates que permitan su observación crítica por parte de la comunidad. Pero también contribuyendo a la construcción de imaginarios sobre las modificaciones que va viviendo la sociedad y memorias que permitan la continuidad de los procesos sociales, su articulación en relatos sociales comprensibles. El mercado no parece ser suficiente para el desarrollo de una prensa independiente que pueda representar las sociedades y demandas de la sociedad. Es obvio que los medios de comunicación contemporáneos su ubican en dinámicas de mercado y que tienen procesos de comercialización exigentes y competitivos y que también los medios requieren de una sostenibilidad económica que afiance su autonomía. Pero el mercado también restringe. Lo demuestra cierta banalización de la información que se pliega a los ratings o a las estadísticas de circulación. La autocensura ante el poder de los anunciantes oficiales o privados, y los rediseños dominados por la aceptación en los mercados. Si bien el mercado permite la diversificación de las propuestas, también promueve la estandarización de los productos mediáticos (ciertos géneros televisivos, por ejemplo, tienden a parecerse monótonamente.) La agenda informativa la constituyen básicamente los medios, aunque cada vez más, las tecnologías permiten consultar otras fuentes de información. La negociación de los temas y las comprensiones sociales en las salas de redacción, es una tarea difícil aunque no imposible. Los periodistas suelen reaccionar con escepticismo frente a las noticias que parecen tener un peso institucional o aún más, frente a las que han sido elaboradas en otras instancias diferentes a la propia de los medios. Por eso es necesario desencapsular la información sobre lo social o huir de la “infección de la bondad” es decir, de toda aquella información que obedeciendo a intereses legítimos, forma parte de propuestas impuestas desde fuera de la propia lógica de los medios. Germán Rey en Senderos, Matices y Bifurcaiciones. FNPI, Avina y Fopea, Inforum Patagonia. 2006. P.15.

Tipo Consulta: 

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