¿Pierde su credibilidad un periodista que ha sido condenado por un delito?
20 de Septiembre de 2016

¿Pierde su credibilidad un periodista que ha sido condenado por un delito?

Foto: Lechenie-narkomanii en Pixabay / Usada bajo licencia Creative Commons.

¿Puede un periodista volver a ejercer su profesión luego de haber sido condenado por un delito?

Respuesta: 

Sobre estos casos la legislación de cada país y las disposiciones gremiales de los periodistas, aportan la respuesta. La práctica más común es la que impide el ejercicio del periodismo a quien ha sido condenado por la justicia por esta clase de delitos.

Es una norma que tiene su fundamento en consideraciones como esta: para ejercer el periodismo, además de los requerimientos técnicos, cuentan otros de orden personal que hacen del profesional periodista una persona creíble. De muy poco, o de nada sirve publicar una información que no va a ser creída, o por la mala calidad de la información, o de su presentación; o por las condiciones de la persona que informa. El periodista polaco, Ryszard Kapuscinski en vida solía decir que un periodista, ante todo, debe ser una buena persona. No solo por razones morales, sino porque así se lo impone la influencia social, aneja a la profesión. Dar información creíble implica la consecución y manejo de elementos exactos, además una solvencia moral que dé a los receptores la confianza en que el informador merece que se le crea. En ese momento el periodista adquiere un carácter de guía para la sociedad. Fundadas en consideraciones como estas, las agremiaciones y las autoridades públicas incluyen en la reglamentación de las profesiones normas rigurosas para el ejercicio profesional que preservan el respeto debido al público.

Documentación

Hace 50 años este oficio se veía muy diferente a como se percibe hoy. Se trataba de una profesión de alto respeto y dignidad, que jugaba un papel intelectual y político. La ejercía un grupo reducido de personas que obtenían el reconocimiento de sus sociedades. Un periodista era una persona de importancia admirada. Algunos de los mayores políticos del mundo contemporáneo empezaron su carrera como periodistas y siempre se sintieron orgullosos de ella. El británico sir Winston Churchill trabajó como corresponsal en África antes de convertirse en una de los grandes estadistas del siglo XX, lo mismo sucedió a escritores como Ernest Hemingway, por ejemplo. Estos grandes hombres siempre reconocieron que sus carreras comenzaron en el periodismo y nunca dejaron de sentirse periodistas. Pero eso cambió en los últimos 20 años, a partir de una tremenda transformación en las prácticas de este oficio. El periodismo escrito contemporáneo representa apenas una reducida porción del gran mundo de los medios. En ese campo, que además se halla en perpetua expansión, nosotros los periodistas ocupamos escaso lugar. Cada día es mayor el número de quienes se emplean en la televisión, especialmente entre los medios audiovisuales. A ellos se les aplica la denominación de media worker, ya que eso son, trabajadores de los medios masivos. A diferencia de aquel periodista de hace 30 años, este trabador de hoy es una persona anónima, nadie lo conoce, nadie sabe quién es. Eso se debe al cambio más importante que sucedió en sus rutinas de trabajo: el producto final que crea un trabajador de los medios masivos no es de su autoría sino que constituye el resultado de una cadena de gente como él que participó en la construcción de una noticia. Cada noticia que se emite por CNN ha sido trabajada por 30 o 40 personas anónimas, tanta gente participó en el proceso de transformar el material que no se puede establecer un autor de aquello que finalmente se vió en la pantalla de televisión. Como consecuencia, en esta profesión se perdió algo tan central como el orgullo de lo personal. Ese orgullo implicaba también la responsabilidad del periodista por su trabajo. El hombre que pone su nombre en un texto se siente responsable de lo que escribió. En cambio, en la televisión y en las grandes cadenas multimedia, de igual modo que en las fábricas, esta responsabilidad personal ya no existe. Ryszard Kapuscinski: los cinco sentidos del periodismo. Fondo de Cultura económica, Bogotá, 2003, pp 13,14.

 

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