¿Debería existir un código ético para los periodistas de medios digitales?
20 de Septiembre de 2016

¿Debería existir un código ético para los periodistas de medios digitales?

Foto: Pixabay

¿Debería existir un código ético para los periodistas de medios digitales? Un periodista, sea de periódico, de radio, de televisión o de medios digitales está sujeto a los mismos deberes básicos. En cualquier medio se mantiene el compromiso con la verdad, con sus exigencias de rigor para el manejo de las fuentes y de los datos. No importa la tecnología que se use, una información de una sola fuente desconoce el derecho de los receptores a recibir una información creíble y de calidad. La tecnología es sólo un medio para cumplir un fin periodístico, por tanto no es determinante de las actitudes que permiten cumplir o determinar el incumplimiento de los deberes éticos. Cada tecnología crea unas condiciones que influyen en el cumplimiento de esos deberes. La imprenta multiplicó el número de lectores de un texto, por tanto amplió el número de personas a quienes debe responderé el autor del escrito o de la información impresa: sea que las induzca a error o a certezas, sea que las incite al odio o a la solidaridad, sea que destruya o consolide el honor y buen nombre de las personas. Cuando apareció la radio ese sentido de responsabilidad se acentuó porque fue mayor el campo de influencia del periodista y más fuerte su poder de convencer; en la televisión esos deberes éticos fueron aún más exigentes dados el poder de seducción de este medio y su capacidad para mostrar como realidad total la sola superficie de los hechos revelada por el ojo y el oído. En todos estos casos los deberes éticos son los mismos, sólo que con diferentes aplicaciones e intensidad. La tecnología digital trae consigo unos problemas éticos singulares, pero derivados de los mismos deberes de quien comunica para la sociedad. Dicho de otra manera, no se necesitan nuevos códigos sino un distinto subrayado de los que existen.

Documentación.
Los pesimistas tienen razón: internet está creando una sociedad anárquica, pero es la anarquía mala, no la buena. Internet no solo carece de regulación por parte del Estado, sino que es imposible de regular. Si dejamos de lado la pregunta sobre las posibles tecnologías, hay una suposición adicional que debe ser examinada. Pasar de la afirmación de que internet es un medio de interacción humana con potencial para la fragmentación moral, a la afirmación adicional de que hay un riesgo real de tal fragmentación supone que internet no es solo una ley sino un mundo en sí mismo, es decir, una esfera aparte cuyo carácter está solamente determinado por su propia naturaleza. Pero eso es falso. Los usuarios de internet son también ciudadanos de este mundo de casas, de tiendas, de hospitales. Supongamos que es cierto que internet tiene una tendencia a la anarquía en el sentido de la fragmentación moral. No hay razón para pensar que esto llegará a predominar sobre las fuerzas de cohesión social. Mientras que internet siga siendo solo un aspecto de la vida moderna, integrado en el comercio, en la educación y en el ocio, se puede suponer que las interacciones de sus usuarios continuarán tuteladas por los procesos normales de socialización. Gordon Graham en Internet, una indagación filosófica. Frónesis, Universitat de Valencia, Barcelona, 2001, p. 106

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