Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cuál es la diferencia entre un código de ética y un código de conducta? Los códigos de ética proporcionan las raíces para los códigos de conducta. Estos, a su vez, inspiran la repetición sistemática de actos necesarios para la formación del carácter.El código de ética da principios fundados en valores el código de conducta aplica esos principios a la vida concreta. Hay, por tanto, una conexión estrecha entre el código ético y el código de conducta. Si, de acuerdo con su significado etimológico, conducta es la ruta por donde se guía un coche, la ética es el mapa que permite encontrar y adoptar esa ruta.Unos y otros, códigos de ética y códigos de conducta, entre sus muchas similitudes exhiben una fundamental: ninguno puede ser impuesto desde fuera. Ética y conducta implican una decisión personal por cuanto esos valores y esas normas son miradas y adoptadas por cada persona, como sus caminos hacia la felicidad.

Documentación.

Las personas diseñan proyectos de felicidad y también distintos grupos de la sociedad civil bosquejan ideales de vida plena. Pero si quieren proceder adecuadamente con esos ideales no pueden jamás imponerlos, sino ofrecerlos, invitar a ellos. El gran error de las confesiones religiosas y laicistas ha consistido a menudo en intentar imponer su proyecto de felicidad, olvidando que imponer la felicidad es imposible. La felicidad no se impone, no se exige ni se prescribe, a la felicidad se invita. Y es cada persona la que ha de decidir libremente si quiere aceptar la invitación.
Pero las personas son también ciudadanas que, aunque se propongan proyectos diversos de felicidad comparten, sin embargo, unos mínimos éticos de justicia que configuran el trasfondo de la cultura cívica. En definitiva, ante la pregunta por la conciencia moral de las sociedades con democracia liberal cabe responder que se encuentra impregnada por unos valores de libertad, igualdad, solidaridad y respeto, sin los que resultaría imposible la convivencia. Son valores como estos los que van conformando una tradición desde la que es posible tolerar las discrepancias.
De ahí que una ética cívica que articule tanto esos valores como otros que históricamente vayan compartiendo las sociedades pluralistas, no pueda ser una ética confesional religiosa, ni tampoco confesional laicista.
En este orden de cosas puede afirmarse sin ambages que una ética cívica únicamente puede ser una ética laica que es aquella que puede ser asumida por creyentes y no creyentes siempre que no sean fundamentalistas religiosos o fundamentalistas laicistas.

Adela Cortina
En Hasta un pueblo de demonios. (Ética pública y sociedad.) Taurus. Madrid. 1998.

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