Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Qué puede decir usted sobre la continua violación de la libertad de prensa por parte de los grupos armados o grupos guerrilleros?
Cuando el periodista cubre un conflicto armado, debe tener en cuenta:
Que en una situación de guerra cuenta la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón. Por consiguiente, el periodista es mirado por la gente armada, como un infiltrado, es decir, como un elemento extraño a quien se debe someter a unas reglas de juego. Y el periodista sabe que, si quiere sobrevivir y cumplir con su trabajo, debe reconocer que ese es el marco en que tendrá que moverse. Recuerde que, a pesar de todo, el periodismo no ha desaparecido ni en los regímenes tiránicos, y el de guerra lo es, ni durante las guerras. Ha tenido que trabajar a pesar de las limitaciones.
En toda guerra la primera fusilada es la verdad. Corresponde al periodista proteger la verdad contra el paredón de fusilamiento. Los bandos en guerra son los menos interesados en que se conozca la verdad, por tanto, no son fuentes fiables. Esto hace más difícil y creativa la tarea del periodista, que tendrá que buscar la verdad por fuera de las fuentes oficiales y someter a crítica toda información que llegue a sus manos.
Ni guerreros ni gobernantes son quiénes para darle libertad a nadie. Para ser libre, un periodista no le pide permiso a nadie.

Documentación.

En términos generales lo que estuvo claro para nosotros fue que dentro del riesgo general muy alto, lo que se debía hacer al cubrir el conflicto era extremar las precauciones. Algunas de las ventajas de quienes cubren una zona son poder tener fuentes bien informadas, poder mantener la oreja pegada al suelo, saber cuáles son las variaciones sutiles en las corrientes de determinado lugar. Con esto por lo menos mejoran las condiciones de seguridad.
Valió la pena el intenso esfuerzo periodístico de cubrir e investigar, al comienzo más bien limitado, pero hacia el final de la guerra se había extendido muchísimo. Se precisó y se desmitificó la guerra y sus protagonistas, tanto en el caso de las acciones de las fuerzas de seguridad, como del otro lado, de Sendero Luminoso. Se descubrieron masacres perpetradas por militares, como la que yo descubrí en el caso de Matambo en 1986 o, algo más importante, haber descubierto los perpetradores de las muertes de la Cantuta en 1992 por Ricardo Usea y el equipo de periodistas. Todo esto no solamente permitió identificar a los responsables, sino que en el caso específico de la Cantuta, permitió desactivar un escuadrón de la muerte y llevar a sus miembros a la justicia, una justicia que los dejó lib
¿Qué hacer desde el punto de vista de la prensa? Creo que va a haber siempre una gran presión para no informar o para informar limitadamente. Se dirá que no se trata de servir de caja de resonancia, que no se trata de hacerle juego a tal o cual. Es verdad que en casos muy específicos, como el de las identidades de secuestrados puede ser necesario retener información. En otros casos, cuando se cubren acciones de los cuerpos de seguridad, hay limitaciones legítimas, como describir la identidad de los miembros de tal o cual guarnición, la fuerza de tal patrulla, su ruta. Pero son limitaciones muy contadas y muy específicas que nada quitan a la necesidad de informar con profundidad y precisión sobre el conflicto interno. Sobre todo porque sin en procesos de paz, si la ciudadanía y las organiz

Gustavo Gorriti.
En Seminario: "La Prensa, el conflicto y la paz." Memorias. Fotocopia.

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