Consultorio Ético de la Fundación Gabo
21 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Obró éticamente el editor que autorizó la publicación de una carta difamatoria? Omito nombres porque no vienen al caso, pero el hecho real fue: con el título de “Cura guerrillero” el autor de la carta acusó a un sacerdote de alianzas con la guerrilla, de presionar a los campesinos para que entregaran sus tierras a las obras parroquiales, de estimular la persecución armada contra grandes propietarios. Sin prueba alguna estas acusaciones aparecieron en el periódico. ¿Es ético ese proceder? R.- La pretensión de resolver casos como este, lo mismo que cualquier caso ético, escogiendo uno de los términos del dilema, no consulta la realidad, e impondría un juicio injusto. Entre otras razones porque ninguna realidad se enmarca en uno de los dos extremos teóricos.
Hay que tener en cuenta, además, que las circunstancias del hecho sólo las conoce el protagonista; el fotógrafo del NYP en el caso. Solo él sabe si estuvo en condiciones de prestar ayuda y como tal pudo ser un testigo impotente de la tragedia; sólo él sabe si enfrentó un conflicto de prioridades en aquella fracción de segundo del accidente; o si, en vez de conflicto, él tenía definida una prioridad.
Ante esta situación, todo lo que puede hacerse en una reflexión ética es:
· Definir para sí, cuál es la prioridad que resiste cualquier juicio de valores.
· Esa definición puede ser el comienzo de la formación de una sensibilidad que, en un momento dado, responda al instante y sin vacilaciones. La ética, en efecto, es más sensibilidad que razonamiento.
· Acentuar la convicción de que en ética nadie es juez de nadie, salvo de sí mismo, porque solo uno mismo conoce todos los elementos que llevan a una decisión.
· Someter a crítica el pensamiento común entre periodistas, de que la actualidad del registro es lo máximo en periodismo.
· Descartar el sofisma de que una es la explicación teórica de que una es la actuación como ser humano y otra la del profesional, como si en la realidad el ser humano profesional no fuera una unidad.
Por estas razones la reacción más honesta y sabia en casos como este, es la que aplica las preguntas: ¿en este caso, qué habría hecho yo? ¿Por qué? A partir de las respuestas vendrá el examen crítico, sustentado por principios éticos.
Documentación.
Greg Mahany, fotógrafo del Middletown Journal se encontraba en un taller de reparación de autos cuando se produjo una explosión que envolvió instantáneamente en llamas a un mecánico. Ignorando su cámara, Mahany tomó de inmediato un sobretodo, envolvió al hombre y aplacó las llamas; el mecánico escapó de la muerte con quemaduras de segundo grado en el 30% de su cuerpo. Este fotógrafo de 26 años comentó después: “uno no se puede quedar ahí sin más”. Y después que un fotógrafo del Santa Fe New Mexican colaboró rescatando una familia de un semitrailer en llamas, antes de que tomara una sola fotografía, declaró que su situación era más típica que aquel estereotipo del reportero que ignora las víctimas solo para conseguir una buena toma. “Me parece que ese es el estigma con que se nos asocia”, observó el fotógrafo Mike Heller.
Estos fotógrafos hicieron recordar las fotos que mostraron monjes budistas inmolándose hasta morir como protesta en las calles de Saigón. Dos de los fotógrafos que las obtuvieron defendieron su actitud. Malcom W. Browne de la AP admitió que después de tomar las fotos no se le pasó por la mente que lo hacía para detener inmolaciones. “Me parece que el deber de un hombre de noticias es presenciar los hechos y reportar noticias, no tratar de impedirlos”. Peter Arnett de la AP, admitió en 1971 que él “hubiera podido impedir la autoinmolación al acercarse al individuo y arrojar lejos la gasolina” pero añadió: “lo hubiera deseado como ser humano, pero no podría hacerlo como reportero”.
Prácticamente nadie discutió las racionalizaciones de Browne o Arnett en aquellos años. Las fotografías de los monjes se distribuyeron ampliamente en toda la prensa de E.U. Sin embargo la actitud hacia la utilización de fotos como aquellas parece estar cambiando. Hoy día la mayoría de los periodistas probablemente cuestionaría la posición de los dos reporteros y argumentaría, por ejemplo, que quizás su presencia pudo inspirar los suicidios de protesta y que debieron haber intentado algo para impedirlos y sería inconcebible que tales fotografías recibieran el mismo despliegue que en los sesenta. Lentamente el periodismo se comienza a alejar del crudo desapasionamiento, buscando la compasión como base de una conducta periodística.
Eugene Goodwin en: Por un periodismo independiente. Tercer Mundo, Bogotá, 1994. Pp 432 y 433.

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