Consultorio Ético de la Fundación Gabo
21 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Ante la publicación de imágenes macabras en la televisión o en los medios impresos:
1.- ¿Quién debe regular: las leyes, o los propios medios?
2.-¿Solo informan las fotos con imágenes duras, o también las blandas?
3.- Dejar de publicar fotos duras, ¿es un caso de autocensura?
4.- Omitir esas fotos, ¿tiene que ver con la ética personal? ¿Es restarle importancia a la noticia? R.- Cada pregunta merece una respuesta separada, aunque todas hacen parte del mismo tema.
La práctica demuestra que la tendencia a regular las acciones de la prensa en nombre del bien público revela: por una parte, una prensa débil e incapaz de cumplir su deber de autorregularse; segundo, manifiesta la tendencia dictatorial de los gobiernos. Un gobierno demócrata corre el riesgo de los desbordamientos de la prensa con tal de mantener la libertad de información, elemento fundamental de la vida en democracia. El asunto no está en la foto blanda o dura, sino en la foto, textos o infografías que muestran el hecho sin violentar los derechos de las personas. El buen periodismo sabe que la fotografía macabra no es el único recurso para informar porque a la vez que estimula los sentidos, deja poco espacio para la comprensión de los hechos; además. es un recurso burdo que no consulta la creatividad ni la inteligencia. Cuando se excluye una foto, por macabra o de mal gusto, o porque invade la intimidad de las personas, o porque hiere los sentimientos de alguien, esa decisión no puede calificarse como autocensura, sino como autorregulación. Esta siempre es necesaria para hacer un periodismo de calidad; otra cosa es la autocensura que es la omisión de una información necesaria para el bien público, por miedo o por algún interés personal o institucional. A la noticia se le da importancia cuando su conocimiento se pone al alcance del público. Esto no implica excitación de los sentidos con elementos de sensación, sino comunicación de los datos necesarios para acceder a la realidad. Los datos y elementos necesarios para esta comunicación, no incluyen lo macabro ni lo sensacional.
Documentación
La actitud con la que el lector de diarios o noticias de radio y TV se enfrenta a los hechos no es la curiosidad histórica, sino la tensión de quien asiste a una acción dinámicamente proyectada hacia un futuro próximo. Los medios actúan menos como historiadores que como presentadores, cuando no profetas. No es el pasado lo que les importa.
Los medios no hacen historia, median entre el pasado y el futuro convirtiendo todos los tiempos en presente e invitándonos a actuar en ese tiempo difuso, imaginado como un presente abierto al porvenir. El tiempo de la información es el presente, pero lo que consolida ese tiempo, lo amplía y da lugar a la reflexión y a la puesta en común de las impresiones es el comentario que fija la actualidad en la mente del público y además interviene en la acción, a modo de coro, a través del comentario de los hechos que forman el presente social.
Lo que nos interesa especialmente en las noticias es lo que no dicen, esto es, lo que va a pasar, y para controlar el futuro en la medida de lo posible, engullimos tanto pasado disfrazado de presente. La imagen cambiante del futuro se configura con los hechos que son noticia y los comentarios con los que tales hechos se asimilan y colorean.
Los hechos que atraen la atención de los medios como noticias, son los que más pueden repercutir en el futuro. Por lo demás, muchos hechos que se nos presentan, han sido producidos por alguien, para influir en nuestra visión de futuro, y por lo tanto, son hechos que tratan de hacer más probable un proyecto humano en conflicto con otros.
Lorenzo Gomis: Teoría del periodismo. Paidos, Barcelona. 1997. P. 32 y 33.

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