Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En los meses recientes los medios informativos hemos recibido y difundido sin mayor cuestionamiento una enorme cantidad de sondeos de opinión elaborados por todo tipo de empresas y partidos. Creemos que es tiempo de resolver, desde una perspectiva deontológica, qué tratamiento debemos darles?
Lo que tenemos delante es una disyuntiva: ¿Es válido regatear la información de las encuestas a los lectores? ¿Si no publicamos los resultados de los sondeos, estamos faltando a nuestra obligación de informar? La cuestión es cómo presentar las encuestas. Si se las entrega a los lectores como verdad absoluta, o como reflejos fieles de la realidad, se está contribuyendo a un engaño. Las de las encuestas son verdades relativas, condicionadas por las técnicas que se utilizan para adelantarlas: cubrimiento de la encuesta, método: cara a cara, por teléfono con qué clase de cuestionarios, durante cuánto tiempo y en qué fecha, quién encargó la encuesta, etc. En último término el que la encargó tiene mucho que ver con la parte de la realidad que destaca la encuesta y la otra parte que queda en la sombra. La información pública sobre estas encuestas requiere una contextualización y un ejercicio crítico de la encuesta que proteja a los lectores.
En sí mismas no son una noticia, sino parte de una información en la que los demás elementos permiten relativizar los datos de la encuesta.
El periodista, además, no puede olvidar que la encuesta utilizada por un grupo político, es parte de su propaganda, por tanto, de credibilidad tan relativa como cualquier propaganda.
Son elementos de ayuda para cualquier investigación, pero solo eso: elementos de ayuda, no son la investigación ni factores suficientes para definir la verdad de los hechos.

Documentación.

En tiempos de campañas electorales las redacciones son bombardeadas con encuestas de opinión que muestran a un candidato en primer lugar por un tanto por ciento. Reportar sobre estos asuntos está bien, aunque no debe ser nunca el foco principal de la cobertura.Los medios hacen incotnables esfuerzos para determinar lo que los ciudadanos piensan que son los temas de campaña. El Observer de Charlotte, y el Eagle de Wichita fueron los pioneros de este tipo de cobertura en Estados Unidos luego de que estudios demostraron la creciente pérdida de credibilidad en la cobertura de campañas.Lo que la gente piensa se puede averiguar realizando su propia encuesta y organizando grupos focales para que discutan los temas.El Observer creó un banco telefónico para que los ciudadanos pudieran llamar y expones sus puntos de vista. Uno puede organizar también encuestas de deliberación, en las que los encuestados tienen tiempo para pensar sobre el tema y discutir sus respuestas sobre lo que es importante para ellos. Los periódicos toman estos temas citados por los ciudadanos, para preparar historias bien documentadas sobre ellos. ¿Por qué es este un tema importante? ¿Cuáles son las posibles soluciones? Luego les presentan estos temas a los candidatos, de manera que esos se convierten en los temas de los que hablan los candidatos.
Por tanto, si en la campaña que está a las puertas, ustedes quieren intentar un periodismo basado en los intereses de los ciudadanos, ustedes deben:
Organizar una o varias reuniones públicas para discutir los temas.
Realizar encuestas para determinar cuáles son los asuntos en los que deben centrar su cobertura.
Conducir reuniones con grupos específicos de votantes para determinar cuáles son sus preocupaciones.
Pedirles a los lectores o espectadores que les hagan llegar sus preguntas para presentárselas a los candidatos cuando ustedes los entrevisten. Basar el reporteo fundamentalmente en los temas aportados por los ciudadanos.
Ofrecer información que ayude a los ciudadanos a involucrarse en el proceso político no solo mediante el voto, sino también de otras maneras.
Charles Green.
En Pulso del Periodismo.

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