Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Pertenezco a la junta directiva de una asociación periodística. Siempre doy la nota discordante en las reuniones, proponiendo talleres, seminarios, visitas a los medios y especialmente oponiéndome a lo que no está en los estatutos. Sólo una persona dentro de la junta comparte mi inquietud. ¿Renuncio? ¿Manifiesto mi desconfianza? ¿Dónde están los valores que debemos enarbolar? Las opciones éticas son altamente costosas porque suponen una decisión personal, no de grupo por consiguiente implican una cierta soledad para enfrentar los dilemas éticos de cada momento y las posibles descalificaciones de una opinión externa (en el medio, en el gremio) que se siente interpelada y cuestionada por una actitud fundada en valores éticos.Sin embargo, estas personas conscientes de la necesidad de mantener unos valores éticos profesionales, son indispensables para las entidades gremiales y para los medios porque:
Permiten mantener el rumbo correcto. Su presencia, sus reclamos, deslegitiman lo antiético como norma de conducta.
Impiden o retardan la degradación de los medios y el consiguiente daño para la sociedad.
Esa indispensable tarea es la que alientan los códigos de ética de la profesión. Los hay gremiales, de medios, o de organizaciones internacionales y todos recuerdan y enuncian los principales valores éticos. No se trata de reglamentos o estatutos que pueden ser impuestos coactivamente, sino de enunciados en los que se definen unos valores específicos con los que se puede configurar una conducta profesional.

Documentación.

La insistencia sobre la necesidad de un ejercicio ético de la profesión periodística podría dejar la sensación de que se trata de un tema vano que intenta reavivar las abstracciones sublimes impracticables. Pero reconocer que la deontología periodística es irrealizable significaría admitir que también es irrealizable la propia dignidad y el honor de nuestra profesión. Tal postura representaría un deplorable retroceso hacia las épocas pasadas cuando la labor periodística se identificaba con la mentira o con la proximidad imaginativa. Significaría proclamar vanas todas las esperanzas y todos los esfuerzos por un futuro mejor, más digno y más democrático de la sociedad, a la cual se dirige, en definitiva, la labor periodística.
El deber del periodista � por mas obligado que esté a hacerse eco de la opinión pública � es salir de la masificación que arrastra al hombre y esta decisión de no dejarse arrastrar depende de la formación ética del periodista. Luego es algo interior de cada persona, que ningún código puede cambiar automáticamente. Tal decisión, como todas, equivale a una autodeterminación del profesional. Es una actividad propia, con la que el hombre toma postura frente a unos fenómenos y problemas. Un bien primero tiene que influir en nuestras inclinaciones para que luego nos digamos a nosotros mismos: esto quiero, esto debo hacer. En este sentido los códigos éticos recuerdan, orientan y disponen.
Por ello es necesario, ante todo, formación y comprensión. Quien no es capaz de comprender la diferencia entre el bien y el mal, entre la responsabilidad y la insensatez, entre la verdad y la mentira, quien no es comprensivo con los demás, con los que aceptan sus ideas y con los que las combaten, tal persona no puede decidir con seguridad en los conflictos éticos.

Luka Brajnovic.
En Deontología Periodística. Pamplona. 1978.

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