Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

No hay mejor lugar para batirse el cobre con la ética periodística que el periodismo de provincias. Habitualmente los medios suelen estar controlados por grupos de poder que los utilizan para su propio relumbrón. No es el caso del periódico para el cual trabajo pues se trata del único periódico público que existen en España. Nuestro consuelo es que aunque la línea editorial varía según el partido que gobierna en la diputación, el margen de maniobra para el libre ejercicio de la profesión y las opiniones es mucho más amplio que en los periódicos privados.

No sé si la prensa pequeña en Iberoamérica adolece de los mismos defectos que los modestos rotativos españoles. De cualquier modo estoy implacablemente de acuerdo con que es de todo modo imposible ejercer el oficio de periodista sin un elemental compromiso ético con el interés general y los valores irrenunciables de la libertad, la verdad y la tolerancia. Sea donde sea y cualquiera sea la influencia de la editora. También ocurre en los periódicos pequeños de estos países iberoamericanos. Son los mismos defectos y las mismas virtudes los que se pueden encontrar en ellos, al fin y al cabo son productos de circunstancias parecidas.
Si algo cambia es la intensidad del conflicto que se vive en un periódico que pretende informar con libertad en regiones incendiadas por actores armados o por funcionarios corruptos. Lo que en la gran ciudad se puede denunciar con una relativa seguridad para el periodista, en la población intermedia o en el pequeño municipio genera consecuencias adversas para el periodista y para el periódico por tanto, el compromiso con la verdad, la independencia y la responsabilidad hacia la sociedad, resulta más exigente en el pequeño periódico de provincia. La credibilidad que estos medios de comunicación construyen, es un logro de altísimo costo humano y de una sólida calidad ética.

Documentación.

La ética de la comunicación local es una ética especialmente sensible.
La comunicación local está cerquísima de la vida real. La comunicación local admite un tratamiento profundo y completo. La comunicación local está sometida a fuertes presiones de las fuentes. La comunicación local, finalmente, tiene en su ámbito una especial potencia, una fuerte incidencia social, la singular resonancia que da a toda información su cercanía moral con el público.
Esta cercanía, profundidad, trascendencia inmediata y tensión especial de las fuentes, confiere su carácter específico a la comunicación local.
El mundo del que se informa está a la vista de las audiencias. La información ha de sortear intereses concretos, de carne y hueso y nombres y apellido, y ha de incluir un sinfín de matices y explicaciones causales. La comunicación local afecta de modo directo a las audiencias y resulta, claro, extremadamente comprometida. La credibilidad en la comunicación local no es solo un valor estimable. Es sencillamente la condición de ser o no ser.
Demasiadas personas que salen en los medios suelen estar convencidas de que las audiencias reciben �porque los periodistas no trabajan bien- una versión sesgada o imperfecta de sus ideas o de sus palabras. Si esto suele darse en toda comunicación, las suspicacias suben de tono si se trata de comunicación local.
En resumidas cuentas: no hay en la información más que una ética. Pero las circunstancias de la información sí son diferentes. La comunicación local tiene peculiares dificultades de credibilidad. Por eso, la ética de la comunicación local ha de ser particularmente sensible por eso la ética de la comunicación local ha de ser particularmente viva y medida.

Carlos Soria.
En Ética de las Palabras Modestas. Conferencias en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. 1997.

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