Consultorio Ético de la Fundación Gabo
21 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Para obtener informaciones en casos judiciales hay periodistas que están mintiendo descaradamente, engañan a las víctimas o sobornan a los empleados judiciales. La excusa es común: el público tiene derecho a conocer la información, luego es deber del periodista proporcionarla. Desde el punto de vista ético, ¿se puede aceptar esa conducta? R.- El fin, -hacer real el derecho del público a la información- no justifica el medio: el engaño a las víctimas, o el soborno a empelados judiciales. Estos son medios que contradicen el deber ser profesional y que a mediano o largo plazo, se vuelven contra el periodista y su información.
Es especialmente notable la contradicción que representa la mentira dicha por el periodista.
Dentro de la sociedad el periodista es una figura rodeada de aprecio y de respeto porque es el profesional en quien se puede confiar. De hecho cuando la confiabilidad de otros profesionales declina, la del periodista se mantiene, o crece de modo que ¿si no se cree en el periodista, en quién más se puede confiar?
Se sabe que el periodista, por profesión, busca la verdad de lo que sucede y la consolida y defiende, aún en contra de los intentos para ocultarla, alterarla o negarla; existe la certeza de que el periodista ha sido formado espiritual y técnicamente para servir a la sociedad con la verdad; por tanto, hay una contradicción en los términos cuando el periodista echa mano de la mentira como si esta fuera una de sus herramientas.
Por tanto, el uso de la mentira o del dinero para obtener informaciones, además de restarle peso moral al periodista ya su medio, expone la información a los abusos de los que exigen dinero por onformar; o a la fragilidad de la base que crea la mentira.
Documentación
Sisela Bock en su libro: “Mentir, una elección moral en la vida privada y pública”, identifica cuatro excusas morales básicas para el engaño intencional: evitar un daño, producir un beneficio, requerimientos de la equidad y protección de la verdad. Todas implican un cálculo utilitario, un balance del bien y del mal, de manera que Bock llega a varios principios generales para totalizar las pérdidas y las ganancias morales.
Al considerar distintos tipos de mentiras debemos preguntar en primer lugar si existen acciones alternativas que resuelvan la dificultad sin apelar a la mentira; en segundo lugar, ¿cuáles podrían ser las razones morales propuestas para justificar la mentira, y cuáles razones se pueden plantear como contraargumentos? En tercer lugar, como prueba para los dos pasos anteriores, debemos preguntarnos ¿qué podría decir un público de personas razonables respecto de tales mentiras?
Ella comienza con un supuesto en contra del engaño porque una mentira siempre causa un daño moral. En primer lugar la víctima se siente violada y el sufrimiento de un inocente es un poderoso argumento en contra d ela práctica que lo inflige.
Es común observar que una mentira conduce a otra. Piensen en el reportero a quien, después de haber mentido sobre su identidad a la madre de la víctima de un accidente, no le fue difícil mentir respecto de la razón de su llamada para no tener que darle la noticia de la muerte de su hijo. ¿Y qué decir de las mentiras impresas, o de matizar la verdad para halagar a alguien que en el futuro pueda sernos útil, o encubrir las faltas de alguien que nos ha sido útil en el pasado?
El mentiroso supone que no se le va a descubrir y es más fácil para él comprender sus propias necesidades que las necesidades de los demás. De manera que con frecuencia exagera el daño que se evita, el beneficio que se logra, la imparcialidad que se consigue o la importancia de la verdad que se obtiene, mediante la mentira. El engaño crea un clima desmoralizante en el cual es fácil para las personas, sin pensarlo, caer en un patrón de mentiras.
Jack Fuller: Valores periodísticos,. Colección Chapultepec de la Sociedad Interamericana de Prensa. Miami, Colonial Press International. 1996. P 41-42.

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