Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Aquí en mi país los periodistas nos estamos preguntando si estuvimos a la altura de nuestras responsabilidades al informar, como lo hicimos, sobre el desastre de los terremotos. ¿Existen algunas normas éticas y técnicas para informar sobre desastres? Ante un desastre, el periodista y cualquier ciudadano, llegan a conclusiones obvias: Que los desastres no se anuncian, siempre nos toman por sorpresa y, por tanto, debe mantenerse una preparación adecuada para afrontarlos. Su pregunta a punta en esa dirección: el próximo desastre los debe encontrar mejor preparados. Nunca se puede decir que este desastre fue el último. Por tanto, la propia preparación y la tarea del medio de comunicación, deben tener en cuenta esa realidad. Por eso el periodista responsable sabe que es su tarea difundir una cultura del desastre de la que, entre otros, se pueden destacar estos puntos de carácter preventivo:Investigar e inducir una actividad privada y pública frente a la vulnerabilidad social de la población. Siempre son los pobres los que ponen el mayor número de muertos, porque son los que habitan en las zonas de mayor riesgo. La prensa debe hacer visible ese riesgo y despertar la conciencia colectiva para que se adopten las correspondientes políticas de prevención.Hay otra vulnerabilidad que es la cultural. Ante los fenómenos naturales, la población con menores reservas de educación, se entrega en manos de supersticiosos, brujos y agoreros que le hacen ver que, ante las fuerzas naturales, el hombre nada puede hacer por eso reciben la desgracia pasivamente, como castigo de Dios, y no hacen nada para prevenir el desastre y defenderse.Una tarea educativa de los medios los dota de armas que van desde la construcción de viviendas resistentes a los sismos, o la selección de terrenos seguros, hasta el cuidado de las fuentes de aguas y los bosques, o el manejo inteligente de las basuras y aguas negras, como tareas preventivas. Un pueblo como el japonés ha sido formado para convivir con los volcanes, no para ser sus víctimas.Esta educación se logra, en buena parte, con la información y análisis de los desastres cotidianos: los agrietamientos de terrenos que dañan las viviendas, las inundaciones de fincas y de barrios, los incendios, vistos, no como noticias espectaculares que hoy se registran y mañana se olvidan, sino como procesos que deben tener seguimiento y de los que el periodista se vale para crear una cultura del desastre.En una palabra, la tragedia del Salvador le enseña al periodista el significado real de su responsabilidad social.

Documentación.

Al informar sobre las circunstancias reales de los acontecimientos, la prensa le permite, tanto a la población afectada como a la de su entorno, conocer las dimensiones del desastre. El conocimiento de los hechos ayuda a elaborar la catarsis frente a la tragedia. Además, la prensa puede sensibilizar al público despertando su solidaridad, aun cuando se trate de tragedias lejanas geográfica o culturalmente. Por otra parte, cuando los medios entran en el plano pedagógico y analizan los hechos, le proporcionan a la población herramientas para la prevención.
No obstante, la actitud de la prensa con respecto a las catástrofes naturales señala una fuerte relación con la narración de los hechos y no con su explicación. Dicha relación tiende en la mayoría de los casos hacia la dramatización, tanto desde un punto de vista discursivo como iconográfico, lo que le da un carácter ficticio a los acontecimientos presentados. El riesgo de que el público se emociona ante las catástrofes sin asimilarlas, está siempre presente con estos hábitos periodísticos. El bombardeo de imágenes, la multiplicación de testimonios, de crónicas trágicas y detalladas � como las que provienen de los reportajes a las víctimas- generan en el público un cortocircuito en los procesos cognitivos de la recepción de información, de su evaluación y de su memorización.
Es evidente que es más fácil espectacularizar que explicar, los medios tienden a ser más simplistas y más rápidos e intentan comunicar gran parte de lo que pasa basándose, exclusivamente, en la emoción. La emoción no implica comprensión, pero los medios dan la impresión de obviarlo. En palabras de Ignacio Ramonet "la información de hoy parece obedecer al mandamiento según el cual si asistimos al acontecimiento, entendemos el acontecimiento."
Hay quienes arguyen que la responsabilidad de la prensa consiste en informar y no en explicar, lo cierto es que el objetivo de informar tampoco se cumple a cabalidad, y menos cuando se trata de sucesos de esta clase. De una manera u otra en el hecho de informar también debería caber el de explicar.

Daniel Hermelin Bravo.
En Catástrofes Naturales en vivo y en directo. (Actas de las XXII jornadas internacionales sobre educación científica y técnica.París. )

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