Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Durante mi estadía en el Diario de Caracas hubo un acontecimiento que aguzó mi ojo periodístico y ayudó a formar mi ética: la salida de Teodoro Petkoff del diario El Mundo. Durante esa rueda de prensa en el Hilton pude tocar y sentir la libertad de expresión. Vi razones, leí las declaraciones, vi las cartas que se enviaron entre sí el ministro y el procurador, que no dejaban duda sobre la presión por parte del gobierno. Al día siguiente abrimos con esa noticia: defendimos a Petkoff. Enseguida me entrego a una investigación sobre Petkoff y descubro que él hostigó a los medios cuando fue Ministro de Cordiplan. Instó a los empresarios a manipular la prensa según sus intereses.
Hice todo un reportaje acerca del caso y de lo que había aprendido que era la libertad de expresión. Fue lo que me pareció más ético. ¿Estuve en lo cierto?
El caso plantea dos reflexiones sobre valores éticos:El del compromiso del periodista con la verdad. La experiencia de ese compromiso le crea la convicción de que las suyas son verdades provisorias, que siempre están en construcción y que no tienen el carácter de obras acabadas porque se trata de reflejar los hechos y estos son como las aguas de los ríos: se mantienen en contínuo movimiento y cambio, por eso no se pueden presentar como realidades definitivas e inmodificables.El otro valor es la independencia. Para registrar con fidelidad ese mundo cambiante, esas personas en constante evolución, es necesaria una sólida independencia personal. Los seguidores fanáticos de doctrinas, líderes o instituciones, se despojan de esa libertad que deja abiertas las puertas del espíritu para aceptar lo nuevo.En la realidad, verdad y libertad se complementan y necesitan. Son los dos valores con que se construye ese círculo virtuoso en el que se mueve el periodista ético: la independencia le es necesaria para llegar a la verdad, pero la verdad garantiza una mayor independencia. No se conciben la una sin la otra.

Documentación.

Como es preciso entregar una información instantánea y creíble, se hace necesaria recurrir a las conjeturas, suposiciones y rumores, para llenar los vacíos, y ninguna de estas cosas será rectificada y así permanecerán en la memoria del lector.
¿Cuántos juicios apresurados, inmaduros, superficiales y engañosos se expresan cada día, confundiendo a los lectores, sin ninguna rectificación posterior? La prensa puede simular la opinión pública, y puede educarla mal. De este modo podemos ver terroristas de los cuales se hacen héroes o materias secretas, que pertenecen a la defensa del país, reveladas públicamente o podemos ser testigos de la intrusión desvergonzada en la intimidad de las personas muy conocidas, de acuerdo al slogan: " todos tienen derecho a conocerlo todo.". Pero este es un slogan falso, característico de una época falsa. Las personas tienen el derecho a no conocer, y es un derecho mucho más valioso: el derecho a no tener las almas divinas atiborradas de chismes, necedades y palabras vanas. Una persona que trabaja y
El apresuramiento y la superficialidad son enfermedades síquicas del siglo XX, y más que en ninguna otra parte estas enfermedades se reflejan en la prensa. El análisis en profundidad de un problema, constituye anatema para la prensa. Se detiene en fórmulas sensacionalistas.
Pero tal como es, la prensa ha llegado a convertirse en el poder más grande dentro de los países occidentales, más poderosa que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. A uno le agradaría entonces preguntar: ¿ por qué ley ha sido elegida y ante quién es responsable?Hay todavía otra sorpresa para uno que viene del oriente, donde la prense se halla unificada rigurosamente descubre gradualmente una tendencia común de las preferencias, en la prensa occidental tomada en su conjunto. Es una moda son generalmente modelos aceptados de juicio, y puede haber intereses comunes de corporaciones, siendo el efecto total, no la competencia, sino la unificación.
Existe enorme libertad para la prensa pero no para los lectores porque los periódicos, en su mayoría, dan bastante fuerza y énfasis solamente a aquellas opiniones que no contradicen abiertamente su tendencia propia, ni la general.

Alexander Solzhenitsyn.
Discurso en la Universidad de Harvard. Revista Vigilia, Santiago, 1978.

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