Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Discutimos entre colegas un caso de acoso periodísitco en que un reportero de Televisión, testigo de una operación de soborno, persigue a la funcionaria sobornadora para obligarla a declarar aunque ella le dice que no quiere hablar.
Es legítimo denunciar la corrupción, pero ¿hasta dónde? ¿Hay límites?
Este caso fue discutido en uno de los talleres de Etica de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y entre los participantes se produjo una reacción de rechazo contra el acto del periodista. Todos estuvieron de acuerdo en la necesidad de denunciar los actos de corrupción de los funcionarios públicos, pero les indignó ver a un colega que agredía a la persona acusada para obligarla a responder sus preguntas. De esa reacción se obtuvieron estas conclusiones:

1.- Aunque la información periodística debe dar a conocer nombres de las personas acusadas, estas tienen derecho a que se las presuma inocentes hasta que la justicia demuestre lo contrario. No es el periodista sino el juez quien debe condenar.
2.- Si lago debe condenar el periodista es la corrupción, pero lo suyo no es perseguir al corrupto. Más aún, conductas como la del periodista que acosa a los acusados, los hace aparecer como víctimas, de modo que la opinión se pone a favor de ellos y en contra del periodista.
3.- Tambien los acusados tienen derecho a callar ante el micrófono de un periodista. Nadie está obligado a responder a sus preguntas. Además, es ingenua la pretensión de obtener una declaraci+ón de culpabilidad ante las cámaras. Es una situación que sólo se da en la ficción de las películas.
4.- Los participantes en el taller se preguntaron: ¿por qué tánta insistencia en hacer hablar a una persona? ¿En busca de la verdad? ¿Para atender las exigencias de un jefe de redacción? ¿Para ganar méritos profesionales? ¿Para obtener un titular resonante?

Documentación.

Desde el periodismo de denuncia que terminó en Estados Unidos con la carrera política del presidente Richard Nixon, todos los periodismos del mundo � con más o menos intensidad- han consolidado la praxis de un periodismo de denuncia sobre el que pesa un serio riesgo de vulnerar el principio de presunción de inocencia.
El periodismo de investigación no puede ser considerado como una especie dentro del género periodismo, por la sencilla razón de que no hay ningún tipo de periodismo que no deba tener siempre los ingredientes de la investigación.
Todo periodismo, digno de este nombre, es siempre periodismo de investigación.
El periodismo de denuncia tiene unas características delimitadoras y unas reglas de configuración que le constituyen en un periodismo especialmente riguroso y técnicamente preciso:

a.- El periodismo de denuncia es la compilacióny difusión pública de hechos bien documentados, referidos a la vida pública, que conducen a la denuncia informativa de personas e instituciones.
b.- El periodismo de denuncia versa sobre hechos o actuaciones ilegales o no éticas producidas en el ámbito público, que el poder político, el poder económico o los poderes sociales no tienen interés alguno en que sean públicamente conocidos.
Leonard Sellers dirá sintéticamente en esta linea, que es el periodismo " que va tras una información deliberadamente escondida porque en ella hay algo de ilegal o no ético."
c.- El periodismo de denuncia requiere finalmente una especialziación profesional y una dedicación intensísima. Tiene como condición liberar a un redactor de las rutinas diarias y darle tiempo suficiente para trabajar a fondo sobre un tema o un personaje.

Estas características del periodismo de denuncia marginan del concepto a todos aquellos fenómenos periodísticos hilvanados de calumnias, injurias, graves acusaciones sin pruebas, o una retórica agresiva que, además de agresiva, no se fundamenta en hechos verdaderos. Tampoco es periodismo de denuncia la publicación de algunas cucharaditas de verdad mezcladas con toneladas de rumores, o el periodismo entendido como faena de comadres, repleto de chismes y de intromisiones en la vida privada o en la intimidad de la gente.

Carlos Soria.
En La Etica de las palabras modestas.
U. Bolivariana. Medellín, 1997.

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