Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Cuando cubría la sección policíaca informé sobre un accidente automovilístico en la carretera a Saltillo, al frente de un motel. La acompañante resultó herida con lesiones graves y el conductor afirmó que no la conocía y que la había recogido en la carretera. Quedó encerrado en las celdas de la policía. Me dirigí a los moteles y descubrí que la herida era una prostituta del lugar y que el conductor era uno de sus clientes habituales.Se lo pregunté y él me respondió: mira, ese es mi problema que a ti no te importa. El director del periódico es mi amigo y te puedo meter en problemas, amenazó.Tomé fotografías del hombre tras las rejas y entonces cambió. Quiero negociar contigo, dijo, toma este cheque en blanco y ponle la cantidad que quieras. Tu necesitas dinero y yo necesito tu silencio. La verdad es que soy casado y si esto se sabe la unidad de mi familia se viene abajo.No acepté el dinero, pero ¿hice bien al publicar?
En este apisodio aparecen dos problemas distintos.

1.- El intento de soborno de que es objeto el periodista. Situación común en nuestros países y uno de los obstáculos para el ejercicio de un periodismo libre. En situaciones como esta la única ley válida es la que le impone al periodista su propia conciencia profesional. Todos los elementos resultan favorables para la violación de algún mandato externo impuesto, por ejemplo, por el medio de comunicación o por alguna organización gremial. Si algo impide que el periodista hipoteque su independencia, es el mandato de su conciencia profesional. Es allí donde nace la libertad de prensa.

2.- Pero el asedio a la independencia y la posición erguida del periodista no justifican el desconocimiento del derecho que tiene el hombre accidentado a su intimidad. Sus relaciones con la mujer que lo acompañaba en el momento del accidente son, como él lo ha dicho, de su incumbencia y no tienen por qué convertirse en un asunto público. Aún si este hombre estuviera investido de algún cargo público, el episodio, en lo relativo a las relaciones con la acompañante, no podría dar lugar a una información periodística porque se estaría violando su derecho a la intimidad. La publicación periodística se justifica cuando está de por medio el interés público en este caso el periodista está cumpliendo su más alta función: la de servidor y custodio del bien común. La otra tarea, de difundir los asunto

Documentación.

El periodista Manuel Leguineche traza un buen perfil de la prensa británica empeñada en vender más papel a costa de lo que sea. " Sencillo, pero sagrado, mundano pero mágico, fue la fórmula de Jorge VI para mantener el fuego sagrado de la monarquía británica. Los medios informativos cambiaron las reglas de juego. Había que saciar el apetito de chismes, el conocimiento de las pequeñas o grandes miserias de la corte. La prensa popular entraba a saco en las cosas y las disputas de palacio. El teleobjetivo causaba estragos. Los devaneos de los príncipes pasaban a las portadas de los diarios sensacionalistas con la ayuda de las filtraciones de palacio. Vivimos el tiempo de consumo de las vidas ajenas, en especial si son famosas."
The Sun es la estrella que marca el estilo general del imperio de papel de Murdoch: deportes, sensacionalismo, sexo, notas breves y color conservador. A este rotativo alguien lo ha calificado como la más vulgar cloaca del planeta. Pero su esttrategia la comparten otros periódicos británicos que también se lanzan a la caza de intimidades dentro y fuera de la realeza. Y la encuentran.
The Guardian, con su reputación de periódico liberal y progresista, fue el que registró un mayor incremento de ventas (61%) a la muerte de la princesa Diana. Los tabloides de la gama media mejoraron sus resultados un 27% y los más sensacionalistas, convertidos en centro de todas las críticas, sólo notaron una subida del 18%.
Tarde o temprano, añade Cristina Frade, la prensa encontrará otro personaje que subyugue al público de manera parecida. Para entonces, el nombre, la imagen y el recuerdo de Diana habrán hecho ricos a otros muchos sectores, desde las empresas de porcelana hasta las editoriales." El control o autocontrol de la prensa británica vuelve a estar sobre el tapete. Pasará de mano en mano como una falsa moneda, pero ni políticos ni instituciones se atreverán a regularla.Quizás la mejor definición que se podría dar de la actual situación de la prensa en Gran Bretaña esté contenida en estas declaraciones de John Major: "Prensa y políticos tienen en común compartir el último lugar en la estima que las instituciones merecen al país."

José R. Vilamor.
Nuevo periodismo para el nuevo milenio.
Ediciones Olalla. Madrid. 1997.

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