Consultorio Ético de la Fundación Gabo
21 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

La publicación de la imagen de los cadáveres de dos policías asesinados por la guerrilla, tendidos en una carretera y en medio de un charco de sangre, saco a colación otra vez el tema del manejo ético de estas imágenes. ¿Hay normas éticas sobre esto? R.- Puesto que son miembros de la sociedad, su buena salud es un hecho positivo para la sociedad y sus enfermedades, físicas o morales, afectan a la sociedad. Lo cual significa que es un deber informar sobre sus diferencias.
Hay, desde luego formas inapropiadas de hacer esa información, como tomar partido en un asunto que solo ellos conocen con todos sus elementos; o convertir esa pugna en una información sensacionalista y superficial.
En cambio, una información rigurosa e imparcial, que sirva a unos y a otros para hacer un examen sereno e inteligente de la situación, contribuye al hallazgo de soluciones y de puntos comunes entre ellos.
Además, una información que insista en el conocimiento y reconocimiento de los derechos de todos a tener unas creencias sin que sean afectados por ello, es una contribución eficaz y oportuna del periodista para la construcción de una tolerancia activa y de la dignidad de las personas.
La idea de dejar que cada grupo resuelva sus problemas puede llegar a ser una justificación de una actitud excluyente, y una forma de fomentar una tolerancia pasiva, tan cercana a la intolerancia.
Documentación
La tolerancia se torna intolerante frente a todo obstáculo que impide la realización de todos en la sociedad. Por ello se habla de intolerancia justa frente a todo racismo y clasismo, o discriminación positiva a favor de los más desvalidos y vulnerables en la sociedad, en cuanto su situación no involucra responsabilidad personal sino falta de oportunidad.
La tolerancia del Estado dice relación a su imparcialidad frente a los ciudadanos, pero ciertamente no pude significar una institución amoral (sin valores). Un Estado democrático y una sociedad pluralista no implican un orden vacío sin reglas ni valores socialmente reconocidos y compartidos. Esto sería simplemente el caos y la anarquía. Justamente la ética civil no apunta a un vacío ético sino a un contenido compartido en la diversidad, que se construye sobre el principio básico del respeto por la dignidad de todos y cada ciudadano, que permite y hace posible, a su vez, la convivencia en la participación.
La convivencia pacífica de distintas formas de vida es el primer paso (tolerancia mínima) porque implica la aceptación de la diferencia como un hecho social. Pero siendo un primer paso necesario, resulta insuficiente para la sociedad. La convivencia precisa de un proyecto común, de valores básicos y compartidos, justamente para poder compartir y realizarse como individuos y como sociedad. El quehacer de uno depende a incide, en lo que hacen otros. Vivir es comunicación: el espacio público no está para aislarse sino para comunicarse y, por ello, no puede construirse sobre la desconfianza (aislamiento) sino sobre la confianza (apertura hacia el otro).
La diferencia llega a ser un factor de cohesión cuando predomina el diálogo, que no es la reducción de dos monólogos a uno solo, sino la superación del monólogo por la palabra comunicativa, que es siempre palabra entre dos. El monólogo es autorreferente y cerrado, pero el diálogo reconoce la presencia del otro.; el monólogo es para escucharse a uno mismo y termina pensando igual, mientras el diálogo escucha al otro y se enriquecen ambos. Por ello cuando en la sociedad toda diferencia termina en polarización y polémica, todavía se está ante una sociedad con múltiples monólogos donde aún predomina la intolerancia.
Tony Mifsud en Agenda Valórica en Chile.
Santillana, Santiago, 2002. P. 93.

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