Consultorio Ético de la Fundación Gabo
20 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Si un reportero es enviado a averiguar quiénes están detrás de un movimiento (independentista, pro sindicato, etc) y descubre quiénes son, pero se da cuenta de que publicar sus nombres tendría consecuencias nefastas para ellos (cárcel, persecución o muerte) ¿cómo debe proceder? ¿Debe publicar los nombres y demostrar que es eficiente? ¿Debe callar para evitar que aquellos sean lastimados? Una averiguación que tiene ese aspecto policial y que podría acarrear cárcel, persecución o muerte para los implicados, no la debe asumir un periodista aún si se demuestra su eficiencia, esta es cosa insignificante frente al daño que se puede causar.
Una investigación de esta naturaleza, en que sindicalistas o independientistas pueden ser castigados, pone al periodista y al periódico de un lado contra otro, en una disputa en que cualquiera de los contendientes podría tener la razón. En situaciones así el periodista informa a todos y mantiene su credibilidad al servicio de todos.
Esa credibilidad se pone en peligro si aparece como un auxiliar de la policía o de alguna institución oficial. El puesto del periodista es al lado de la sociedad y como su vocero, con independencia respecto de los poderes. La prensa y el periodista pierden credibilidad e identidad si dan la apariencia de estar al servicio de las actividades de inteligencia de cualquiera institución oficial.

Documentación.

EL CIUDADANO PERIODISTA.
A eso lo llamo " buen oficio": a cumplir con la obligación del ciudadano que sirve a la democracia haciendo periodismo.
Los medios de comunicación no pueden perder de vista el interés del ciudadano. Estar atento al interés del ciudadano no es teñir la prensa de sensacionalismo sino saberse hacer un público propio que atiende a cierto tipo de noticias y se desinteresa de otras.
Tener en cuenta el interés del ciudadano es no dar noticias si no se puede hacer con honradez y rigor. Si la información y la formación de opinión son un servicio a la democracia, es porque son la garantía de la libertad de conocer y decidir de que teoricamente goza el ciudadano.
Como ha dicho Martín Barbero, los periodistas no deben quedarse en función de intermediarios, sino ser mediadores. El intermediario no trabaja por disolver las barreras de la división y el conflicto, mas bien las refuerza y acentúa las varias formas de exclusión. El mediador en cambio, hace de la comunicación un espacio estratégico de la lucha por la abolición de las fronteras y las exclusiones, lucha por hacer posible que unos hombres reconozcan a otros su derecho a vivir y a pensar diferéntemente.
Victoria Camps.
El malestar de la vida pública. P. 186,189,190.

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