En Perú se está tratando al periodista como a un enemigo. En este año se cuentan ya 79 agresiones en las que 3 periodistas han muerto, uno fue a la cárcel y dos están procesados, ¡Ayúdeme a pensar!
19 de Septiembre de 2016

En Perú se está tratando al periodista como a un enemigo. En este año se cuentan ya 79 agresiones en las que 3 periodistas han muerto, uno fue a la cárcel y dos están procesados, ¡Ayúdeme a pensar!

Foto: Succo // Pixabay

En Perú se está tratando al periodista como a un enemigo. En este año se cuentan ya 79 agresiones en las que 3 periodistas han muerto, uno fue a la cárcel y dos están procesados. En estas condiciones, yo que tengo treinta años en la profesión, pienso que lo sensato es dedicarme a otra cosa. Un amigo me dice sin embargo que no sería ético abandonar así el barco. ¡Ayúdeme a pensar! Hay periodistas que a pesar de todo siguen en el ejercicio de la profesión porque sienten que ese es su compromiso. A algunos los matan, otros viven bajo acoso, pero están en paz consigo mismos. Estas son personas con una ética máxima. Hay otros que están convencidos del deber que tienen para con su familia y abandonan la profesión para ver crecer sus hijos. Nadie podría decir que no son éticos, pero es una ética menor que la de los del párrafo anterior. Los hay que huyen porque tienen miedo y porque no se sienten capaces de correr el riesgo; viven para proteger su vida. La suya es una ética mínima, si se la compara con la de los otros dos. Ser ético es desarrollar todo el potencial que existe en uno, y las profesiones permiten y estimulan ese desarrollo. Ser ético es proyectar hacia los demás ese potencial y las profesiones proveen los medios para hacerlo. La ética de las personas tiene el tamaño de sus ideales y de su compromiso con ellos. Uno es ético porque se impone a sí mismo un ideal de vida y vive para alcanzarlo. Si el ideal es alto y se apuesta todo para obtenerlo, la ética es máxima; un ideal pequeño y un compromiso débil son los elementos de una ética mínima.

Documentación.

Recomendaciones generales en caso de amenazas para los periodistas.
• Asumir como cierta toda clase de amenaza.
• Intentar establecer el origen y los posibles autores de la amenaza pero no actuar como lo haría un detective.
• Cambiar las rutinas diarias de desplazamiento, modificar los horarios de entradas y salidas, las rutas de camino al trabajo. Estar atento antes de entrar o salir de la vivienda y oficina, dudar de merodeadores y de cambios súbitos en las zonas aledañas al lugar de trabajo o domicilio.
• Seguir recomendaciones de autoprotección en la vivienda u oficina. • Cualquier amenaza, sin importar de donde provenga, hay que ponerla en conocimiento de su jefe inmediato y las autoridades.
• Si el periodista presume que la amenaza proviene de alguien vinculado a un organismo estatal debe avisar al organismo independiente de protección a los periodistas.
• Si el periodista tiene indicios de donde proviene la amenaza y desconfía, lo mejor es que grabe su testimonio en video, en cinta magnetofónica o escriba un relato de puño y letra, para tener constancia. Dejar por lo menos dos copias de esas grabaciones o relato con el editor del medio y con un familiar o amigo cercano.
• No buscar beneficios personales o traslados a otros países e regiones a través de los organismos de protección encargados de la seguridad de los periodistas.
• Cuando dé a conocer una amenaza no oculte nada, incluso si sabe cuáles son los verdaderos motivos de la amenaza.
• No aceptar citas a ciegas con personas que dicen poder intervenir a favor suyo. En general no aceptar entrevistas con extraños.
• No creerse invulnerable si tiene guardaespaldas. Evitar caer en el Síndrome Excalibur, es decir, confiar ciegamente en el poder de la protección que le ofrecen las armas.
Manuel de Autoprotección para periodistas de la Fundación para la Libertad de Prensa. Bogotá pp 66, 67

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