Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Trabajo en una ONG que ayuda a desplazados por la violencia. Hemos querido dar a conocer la parte de solución que aportamos, pero los medios no se interesan y nos preguntamos: ¿qué pasa? Un asesinato, un escándalo, unas inundación sí les interesa, pero una solución no. ¿Por qué? Tema: Responsabilidad social de los medios.
R.- El caso común de los medios que solo parecen tener espacio para las noticias de escándalo, pone de manifiesto una de las debilidades del periodismo.
Al contrario del pensamiento común que califica como un éxito la alta circulación de un periódico, el periodismo ético se enorgullece de su capacidad para servir a sus receptores y de cambiar algo en la vida de la sociedad, todos los días.
Sin embargo, en las redacciones de los medios está planteado todos los días, el enfrentamiento entre su lógica de servicio y la lógica del negocio.
Según esta lógica la mejor noticia es la que vende, es decir, la que aumenta la circulación o la sintonía y, por tanto, la que da ganancias. Esta es la noticia que, convertida en mercancía, debe funcionar como una mercadería cualquiera que entra por los ojos, que convence por su apariencia y responde a las necesidades más elementales y primitivas de los compradores. Entran en esa categoría los escándalos, las catástrofes, los hechos de corrupción y, desde luego, los asesinatos, las violaciones, los robos y los secuestros, o sea los episodios de la vida sórdida de la sociedad.
En cambio, las informaciones en defensa del bien común, o que muestran los bienes y valores de la sociedad no siempre tienen peso comercial y son los que prefiere la mayoría de los receptores.
La lógica comercial les impone a los medios la actitud del comerciante que sabe que su negocio prospera si satisface los gustos de los compradores; la lógica periodística, en cambio, indica que el periodista no está para darle gusto a la gente sino para informarla con noticias que le permitan participar de la tarea conjunta de fortalecer el bien común.
Así, el periodista interesado más en el bien común que en la caja de caudales de la empresa, siempre irá en contravía de los intereses comerciales de su medio. Lo ideal es que esos intereses puedan armonizarse en la empresa que pone sus logros comerciales al servicio de un periodismo de calidad.
Documentación.
La globalización es un hecho. Una noticia sobre los niños de Sri Lanka que se emite en Londres es vista por los esrilanqueses que viven en Inglaterra y pueden identificar a los niños que salen en el reportaje. Es un ejemplo real, aportado por el director de Press Wise. Si realizo un reportaje de televisión sobre niños inmigrantes marroquíes, es muy posible que sus familias en Marruecos lo vean.
En fin, nuestras noticias no son inocentes. Y no solo debemos pensar qué efectos producen las noticias sobre el Sur en formato espectáculo en la sociedad española sino también, y esto es éticamente mucho más preocupante, qué efectos producen en quienes las protagonizan. Estos protagonistas en la era internet ya no están tan lejos.
Por esto necesitamos tener cada vez más cuidado cuando las ONG o los periodistas bienintencionados vendemos espectáculo para colar una información.
Hemos dicho que la información es mercancía. Que está sujeta a los criterios del mercado, no a los del servicio público. Esto, que nos puede parecer una desgracia, también puede ser una ventaja. Quizás esté bien que sea el mercado quien decida qué información hay que ofrecer. Porque significa que se ofrecerá toda información que tenga comprador. Significa que hay variedad de información. Miedo me daría pensar que la información se ofreciera según criterios de un bien superior o una moral suprema. Porque entonces sí se impondría el pensamiento único de quienes tienen el poder – político o económico-de decidir cuál es el bien común y la moralidad suprema. Creo que todos conocemos países en los que el régimen (Cuba) o fuertes corrientes religiosas,(Irán) imponen su propia versión del interés público.
Y no olvidemos que en el mercado de la información somos los clientes los que, en última instancia, mandamos. Si no nos gusta que la información sea espectáculo, que manipule, que defina lo que es real y lo que no, que incluso fomente guerras, hagamos uso de nuestra opción de no comprarla. Recuerdo una viñeta humorística que mostraba un hombre ante un televisor. El texto dice: “he apagado la televisión. Desde mi casa no se bombardea a nadie”.
Ilya Topper en “Medios periodísticos, Cooperación y Acción Humanitaria”.Icaria, Barcelona 2002, pp 195, 196

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