Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En un radio de la región se ha hecho famoso y temido un periodista que acusa constantemente y de modo virulento, pero sin pruebas, a funcionarios, hacendados y empresarios locales porque, dice, eso le da fama al noticiero y, además, pauta publicitaria. Lo grave es que a todos los periodistas nos están midiendo con el mismo rasero. ¿Puede hacerse algo al respecto?
R.- Hay un claro deber ético de defender la credibilidad de la profesión, no tanto por interés gremial, sino para preservar el derecho de la sociedad a una información en la que pueda confiar.
En situaciones como esta, periodistas con una elevada conciencia profesional, han llevado a cabo un proceso en distintas etapas:
a) Documentadas las ligerezas y errores del periodista, sus colegas le han hecho saber en conversación amigable: 1.- El peligro que él personalmente, de ser agredido o amenazado; 2.- La posibilidad de una demanda penal por calumnia.
b) Si a pesar de la amigable advertencia, el periodista insiste en sus informaciones calumniosas o temerarias, se le advierte que la agremiación periodística promoverá una acción penal en defensa de las personas afectadas y en defensa de la credibilidad del gremio.
c) También ha sido considerada otra acción: tomar los casos que el periodista presenta en su programa para poner en evidencia la inconsistencia y fragilidad de sus acusaciones. Se trata de una contra información que, tal como debe explicarse, está motivada en la defensa de la credibilidad de la profesión.
El ejercicio profesional tiene que ser defendido de las malas prácticas, y debe ser valorado como un bien social, no como una simple actividad lucrativa. Ocasiones como esta crean una coyuntura favorable para que la conciencia profesional se afiance en los periodistas y para que el público descubra la verdadera dimensión de la profesión, como servicio público.
Documentación:
La comunicación local está muy cerca de la vida real y admite un tratamiento profundo y completo. Además, está sometida a fuertes presiones de las fuentes. La comunicación local tiene en su ámbito una especial potencia, una fuerte incidencia social, la singular resonancia que da a toda información su cercanía moral con el público.
Esta cercanía, profundidad, trascendencia inmediata y tensión espiritual de las fuentes, confiere su carácter específico a la comunicación local.
El mundo del que se informa está a la vista de las audiencias. La información ha de sortear intereses concretos de carne yu hueso, nombres y apellidos y ha de incluir un sinfín de matices y explicaciones causales. La comunicación local afecta de modo directo a las audiencias y resulta, por tanto, extremadamente comprometida. La credibilidad en la comunicación local no es solo un valor estimable. Es sencillamente la condición de ser o no ser.
Demasiadas personas que salen en los medios suelen estar convencidas de que las audiencias reciben- porque los periodistas no trabajan bien- una versión sesgada o imperfecta de sus ideas y palabras.
Si esto suele darse en toda comunicación, las suspicacias suben de tono si se trata de comunicación local.
Es raro que un periodista reciba elogios de una fuente por la exactitud y justicia d ela cita que hizo de ella. Por el contrario, lo que los periodistas casi siempre suelen oir es esto: “ no ha entendido usted nada de lo que dije”.
Si así ocurre casi siempre, ocurre con mucho más frecuencia en la comunicación local.
En resumidas cuentas: no hay en la información más que una ética. Pero las circunstancias de la información son diferentes. La comunicación local tiene peculiares dificultades de credibilidad. Por eso la ética de la comunicación local ha de ser particularmente sensible. Por eso la ética de la comunicación local ha de ser particularmente viva y medida.
Carlos Soria: La ética de las palabras modestas. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 1997. Pp 177.178.

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