Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En un texto leído en clase encontré la afirmación siguiente: “la ética es la defensa del prestigio de los medios”. Me quedó un mal sabor, pero no sé por qué. ¿Se puede aceptar esa afirmación? R.- Es posible que el alcance de la frase no sea el que usted le dio y que se refiera solamente a uno de los efectos.
Considerar que la motivación de la ética sea salvar el prestigio de los medios, es minimizarla.
Logra ese efecto, pero esa no es su razón de ser. También se podría decir que la ética es la que preserva la credibilidad de los medios y de los periodistas, o su independencia, o su responsabilidad frente a la sociedad, pero serían afirmaciones parciales.
Para unos se es ético para ser feliz, Aristóteles escribió que los éticos son los que obedecen a su propia naturaleza; y Kant vió en la ética la coherencia de los humanos. Son teorías que conducen a la misma percepción: el humano es ético para sí mismo, primero, o sea que como respuesta al impulso interior de ser excelente, el hombre se prepara para una segunda etapa: ser excelente para los demás.
Sin embargo aparece la dificultad teórica: no se puede ser excelente si no se ha abierto a los demás.
De cualquier manera, la instrumentalización de la ética es una forma de falsificarla. No se es ético para mejorarle la imagen a una empresa, aunque ese objetivo se logra cuando los periodistas obran movidos por ese impulso de ser excelentes.
Documentación
La filosofía moral de Aristóteles sigue siendo actual y es cultivada. Identifica el bien con la felicidad, con la eudemonía. Literalmente esta palabra significa buen demonio, aunque debemos aclarar que el demonio griego dista del demonio cristiano medieval. El demonio griego es hijo de hombre y de un dios. Así pues, en ¿qué consiste ser feliz o ser bueno en este filósofo?
Pues el hombre es bueno y feliz si despliega todo su potencial de acuerdo con su naturaleza.
La felicidad que propone Aristóteles no es un conjunto de momentos placenteros, aunque no los desdeña, sino un estado del espíritu, de satisfacción al sentir que estamos desplegando nuestras capacidades y poniendo en juego todas nuestras habilidades para perfeccionarnos es un sentimiento de satisfacción el saber que de esta manera nos estamos perfeccionando y dignificando como seres humanos. Así el concepto de perfeccionamiento y de alcanzar la excelencia no es un proceso doloroso para alcanzar una medalla, un premio o un bien, sino a pesar de que exige un esfuerzo es satisfactorio por sí mismo. Entonces, ¿por qué no todos alcanzan la felicidad? Y aquí ya entramos en el terreno del mal y las virtudes.
De acuerdo con lo anterior es claro que el mal es una carencia de algo que deberíamos haber desarrollado.
J. Luís Espíndola: Ética ciudadana. Porrúa, C. de México, 2009. P 80, 81.

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