Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Desde la universidad se nos ha enseñado que la televisión, por visual, demanda que sus contenidos sean espectaculares. ¿La noticia, por tanto, debe ser un espectáculo? R.- Hay una contradicción cuando la noticia de televisión se presume como la más creíble porque muestra lo que la cámara ve y, al mismo tiempo, adquiere el acento de un mandato que, por ser visual, debe ser un espectáculo.
Ni lo uno, ni lo otro son presupuestos ciertos.
La cámara no muestra lo que ve, sino lo que el camarógrafo o el periodista quieren ver. En una manifestación de indignados puede ver a los violentos que se enfrentan a la policía; o seguir a los grupos que corean festivamente, consignas; puede buscar los lugares en donde la muchedumbre se ve más apretada; o donde los manifestantes no llenan el espacio de la calle. La cámara será todo lo objetiva o sujetiva que el periodista la deje ser.
Tampoco es cierto que la noticia debe ser espectáculo en la televisión. Lo será si el interés comercial predomina sobre el rigor informativo. En ese caso la noticia no será exacta porque sus elementos habrán sido alterados en la búsqueda de lo espectacular. En una parada militar el desmayo de un cadete es algo accidental pero espectacular y así lo puede valorar el informativo X, olvidado todo lo demás, convierte ese desmayo en el elemento principal de la nota.
Hay que agregar, además, que contra la percepción común sobre la televisión como solo imagen y sonido, o sea algo para ver y oír, puede afirmarse que debe subordinar el ojo y el oído a la inteligencia, por lo que una información de calidad en televisión es la que a partir de lo audiovisual estimula el pensamiento. Así, aparecen dos clases de informaciones en la televisión:
a) Las que van dirigidas a la vista y al oído, solamente.
b) Las que por el camino de los sentidos, hacen pensar los hechos.
Documentación
El foco de la noticia está puesto más en lo que ocurre y no tanto en por qué ocurre.
De una investigación realizada se puede concluir que la duración media de las piezas – poco más de un minuto – impide una adecuada contextualización de la noticia, que pierde su significación por quedarse en el mero espectáculo audiovisual. Hay una tendencia a reducir los tiempos, sobre todo en la edición nocturna que, en teoría, debería tener una mayor duración para analizar mejor la información al finalizar el día. Esa limitación del tiempo obstaculiza la profundización y el entendimiento de las causas que han determinado el hecho. Lo prioritario es ver, no comprender.
De esa investigación podemos afirmar que los criterios de noticiabilidad utilizados tienen que ver más con la capacidad de conmover al espectador, que con la información. Los valores-noticia que predominan son la espectacularidad, la negatividad de los acontecimientos, la incertidumbre sobre las incógnitas de lo ocurrido, el componente dramático y el conflicto. Destaca que la televisión pública y las privadas repiten los mismos criterios y modelos, con apenas variaciones, en la selección de las noticias. Las tres cadenas analizadas acaban contando a su manera las mismas noticias. Hay una obsesión por lo que saca la competencia, lo que conduce a la repetición de los temas.
Por lo que se refiere a la presentación de las noticias, se tiende a personalizar los informativos en la figura de los presentadores. Además se observa un descenso en el uso de los video-noticias y hay un uso mayor de declaraciones e imágenes en piezas generales. El reportaje y la crónica son géneros menos utilizados. Destaca el incremento de los directos con lo que estamos ante un elemento más del espectáculo televisivo. Se busca una mayor sensación de inmediatez, veracidad y credibilidad con una puesta en escena más efectista que reveladora de información.
Garzón y Pomares en Indicadores de calidad en los informativos de la televisión. Universidad de Barcelona, Aldea Global, 2013. P 150

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