Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Hay dos éticas enfrentadas cuando el gerente del periódico alega una ética empresarial contra la ética del periodista? R.- Hay una sola ética y muchas morales; sin embargo, toda esa inmensa variedad de morales conserva una clara unidad, la que dan los principios y valores éticos.
La ética es, pues, una; es la obediencia a la naturaleza del ser humano. Estudia esa naturaleza, destaca sus valores, todos altos, aparentemente irrealizables y los presenta en los códigos como guía. Las morales aplican esos principios y valores, de acuerdo con las necesidades y actividades de las personas; o de acuerdo con sus exigencias profesionales, o según sus culturas, sus tradiciones o sus creencias. En cualquier caso, ajustados a la naturaleza del ser humano.
Desde esta perspectiva el enfrentamiento entre la gerencia y la redacción no se da por razones éticas, sino por el choque de intereses. El interés de las gerencias es el de aumentar las ganancias del negocio, y el de las redacciones el de informar bien. Si la gerencia quiere que se informe para ganar más dinero, vendrá un choque con la redacción que quiere, a su vez, que se gane más para informar mejor.
Ese choque inicialmente es la expresión de unos intereses que se oponen. Cuando se consulta la naturaleza ética de la empresa periodística, el resultado es que de ninguna manera la información periodística se puede subordinar a los intereses de la gerencia, porque ni la información es mercancía, ni la empresa periodística se puede manejar como el común de los negocios.
A la luz de la ética no se informa para mejorar el negocio, sino que se mejora el negocio para que la información sea de buena calidad. O sea que el negocio está subordinado a la tarea informativa. Y la empresa periodística es un servicio público, con todas las obligaciones de lo público, aunque empresarialmente sea un negocio privado. Solo que es un negocio distinto por su carácter de servicio público que le da más dignidad que si fuera un asunto privado.
Documentación
Aristóteles concluye que la filosofía moral no pertenece al saber teórico sino al saber práctico en el que es necesaria la madurez de la experiencia de las acciones de la vida por una parte, y el poseer una razón práctica y deliberadora para versar sobre ellas. Kant circunscribe la ética al uso de la razón práctica que pertenece en último término a una teoría de la sabiduría.
El objeto de la ética es, para Aristóteles la praxis, para Kant es la voluntad. Para ambos es, pues, la acción sometida a la razón. La voluntad humana se asimila en la moral, a la razón práctica. Por eso, y precisando más, el objeto de la ética no es tanto la acción cuanto lo que guía la acción. La ética, dice Kant, no puede ordenar más que las máximas o reglas de acción, no la acción misma. Deja así una abertura al libre arbitrio de cada uno para el cuándo y cómo de la observancia de la ley moral. Conviene añadir que la ética no solo como filosofía moral, tiene por objeto lo que guía la acción sino también la no-acción. Se refiere a las reglas que aplicamos en nuestra acción, bien sea hacia los demás, generalmente, bien sea hacia nosotros mismos e incluso hacia los animales y la naturaleza en su totalidad. Pero así mismo puede deliberar sobre las máximas que han conducido a una no-acción u omisión de conducta. Pues hay un no-hacer moral (la desobediencia civil justa) y un no hacer inmoral (la desobediencia civil injusta).
En cualquier caso la ética no tiene por misión fijar un conjunto de objetivos prácticos, considerar su realizabilidad o prever los resultados de una asignación de fines prácticos. Su tarea es averiguar las condiciones de posibilidad de estos mismos objetivos prácticos que, por lo demás, le ofrecerá esta o aquella moral. Es decir, estudiar las reglas que guían la acción y probar su fundamentación.
Norbert Bilbeny. Aproximación a la ética. Ariel, Barcelona, 1992. P 18, 19.

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