Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Una tendencia común en el periodismo político es la de privilegiar las notas sobre escándalos y dejar atrás los proyectos de ley, los informes con que se hacen los debates, o las intervenciones de fondo en el congreso. La explicación que siempre se da es que el escándalo vende, mientras un proyecto de ley se queda para el pequeño grupo de los especialistas. ¿La ética dice algo al respecto? R.- La banalización de las informaciones es una tentación permanente y común para el periodista. Así como sucede con la información política, ocurre en todas las otras informaciones sean económicas, culturales, deportivas, judiciales o de orden público. Toda noticia es susceptible de un tratamiento leve, sobre todo si se la trata como una mercancía que debe ser del gusto de todos.
Y esta es la razón que explica la frecuencia con que los hechos noticiosos reciben un tratamiento ligero. Atrae más el hecho escandaloso que el hecho positivo; y llaman más la atención los hechos de corrupción que las acciones honestas, porque el escándalo y la corrupción son más fáciles de informar que lo honesto y positivo.
Otra razón tiene que ver con la honestidad profesional: ¿para qué informa el periodista? ¿Para entretener y divertir? ¿O para que el receptor acceda a una realidad que tiene que ser cambiada? Cuando el periodista cree que informa para entretener, busca lo escandaloso, lo sórdido o lo divertido y se siente un recreacionista; cuando entiende su papel como el de quien aporta información para que la sociedad sea mejor, encuentra el enfoque que le permite servir mejor a los lectores y que dignifica su profesión.
Documentación
Es más fácil vender a los editores escándalos en el congreso, que historias de mayores consecuencias. Incluso el Post que en muchas ocasiones trata seriamente a la institución, sucumbe a lo trivial y barato. Casi todos los veranos, en los años en que no hay elecciones, descubrimos noticias de algunos miembros que han abandonado el país durante el receso. En agosto de 1981 apareció un cínico encabezado de cuatro columnas: Desde el monte a Fiji. La temporada de viajes para encontrar hechos factuales. El artículo estaba montado sobre una ronda que comenzaba: Docenas de miembros del Congreso pasan sus vacaciones haciendo viajes a costa del contribuyente a destinos como Bermudas, Fiji, los mares del sur, París y Hong Kong”. Dos años después una historia casi idéntica de la A.P. llevaba el título: “La décima parte del congreso toma la ruta de los viajes pagados contra notas de gastos”.
Algunos editores tal vez piensan que las notas chatarra venden periódicos, es más, sospecho que las prefieren porque se acomodan a estereotipos de peculados y pecados en el Monte Capitolio. De todos modos ese es un mal periodismo. Las historias no les dicen a los lectores lo que los congresistas hicieron con el dinero, o de lo que se enteraron durante el viaje. Muchos de ellos hacen informes formales cuando regresan, pero estos no aparecen en los cables y periódicos. Es un periodismo barato.
Hacemos lo mismo con los salarios e ingresos de los miembros del congreso. El archivo de artículos sobre los honorarios que senadores y representantes reciben por hacer discursos es uno de los más voluminosos bajo el encabezamiento general del Congreso. Nuevamente la especialidad está en la sonrisa torcida de encabezamientos como este del Post: "Las doradas gargantas del senado favorecidas por honorarios de igual color, por hablar". "Abogados, legisladores hacen prestidigitación con sus trabajos fuera del Monte Capitolio”, o “El dilema de los senadores: cómo ocultar aumentos salariales”.

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