Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

El noticiero en que trabajo ha adoptado la práctica de integrar el primer bloque de noticias con hechos violentos porque eso da sintonía y porque esa es la realidad de lo que pasa cada día. ¿Se pueden aceptar esa práctica y esas razones? R.- Uno es el periodismo que se hace cuando el periodista cree que su profesión consiste solo en dar noticias, y otro el que considera que a los oyentes se les dan noticias para que construyan una sociedad mejor.
En este caso, no basta tener la noticia, porque siempre será preciso responder: ¿para qué difundir esta noticia? De modo que si es una noticia útil para la vida de la sociedad, esa es la que se difundirá; las que no tienen utilidad alguna, o las que harán daño, esas no aparecerán.
Resuelto el interrogante del “para qué” viene la pregunta del “¿cómo?” porque la manera de presentar tiene que ver con esa utilidad que se busca.
Como se ve, el periodista informa para servir a los televidentes con las mejores noticias, no para entretenerlos ni agradarlos, sino para darles elementos de conocimiento útiles para su rol de ciudadanos.
Por otra parte, mostrarles solamente la parte sórdida de la realidad, no es ponerlos en contacto con la realidad total. Es mostrar solo una parte de ella.
Es tan engañosa esa práctica como la de hacer conocer solo noticias amables o de color rosa. La alternativa para el periodismo rojo, no es pues, el periodismo rosa, sino la información completa que hace conocer lo que sucede y que estimula al receptor para transformar la realidad. El buen periodismo, por tanto:

- No informa para entretener ni para ganar audiencia.
- No busca la noticia rosa, ni la roja, prefiere la noticia completa.
- Informa para que la realidad cambie.
Documentación
Aunque en general nos sentimos libres de actuar como queramos, tenemos que reflexionar acerca de cómo adquirimos la moralidad desde las distintas fuentes de la vida social. No cabe duda de que muchos hábitos son el producto, más que del razonamiento personal, del troquelamiento social que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y a través de todo tipo de prácticas sociales. Este troquelamiento la mayoría de las veces es positivo y nos permite hacer el bien pero en algunas ocasiones nos impelen a una mala actuación. Conocer las fuentes de la moralidad nos permite hacer crítica más efectiva acerca del bien o mal que promueven. Veamos dos de ellas:
1.- Las costumbres sociales que troquelan a cada sociedad y que son el producto de su formación histórica. Son hábitos y costumbres que seguimos por inercia y porque todos lo hacen: acudir a la escuela, trabajar a cierta edad, respetar a los mayores, colaborar en ciertas actividades sociales (o no hacerlo). No todas las costumbres sociales son buenas, por ejemplo la corrupción, la falta de colaboración, la apatía, etc. La ética tiene que dar cuenta de por qué se dan estas fallas y ofrecer soluciones al respecto. Los grupos sociales y de amigos frecuentemente son los puntos de contacto de estos hábitos.
2.- Los medios de comunicación. Aunque su objetivo es el entretenimiento y la información, los medios masivos nos proponen de manera directa o indirecta ideales de ser y de pensar. Como ellos se mueven al lado de la mercadotécnica que los patrocina, frecuentemente fomentan el consumismo, el despilfarro y el egocentrismo. Desde luego cubre funciones muy positivas como brindar información, canalizar protestas justas del público, valores altruistas en ocasiones y diversión.
José Luís Espíndola en Ética Ciudadana, editorial Porrúa, c. de México, 2009. P. 62.

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