Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

No puedo evitar sentir un profundo desprecio por esa clase de políticos mexicanos que, llegados al poder, se convierten en seres arrogantes, autoritarios, falsos, implacables con los de abajo y serviles con los de arriba. Cuando he llegado a entrevistarlos todo ese desprecio se convierte en preguntas. Lo noto y lo notan. Mis preguntas disparan directo, crueles, contra sus líneas de flotación. Me pongo en el lugar de la gente; les pregunto lo que ellos les preguntarían. Pero tengo la duda: ¿es eso ético? ¿Contravengo esa regla de no inmiscuir mis sentimientos y emociones? R.- es una exigencia difícil de la profesión, la del control de las propias emociones, sin embargo es necesaria para merecer la confianza de lectores de todas las tendencias y para darle un peso moral a la información.
Además, es una expresión del respeto debido a la fuente.
A ese control se le da comúnmente el nombre de objetividad, aunque es más apropiado hablar de imparcialidad que, como la palabra lo indica, es un adjetivo que se le aplica “a la persona que obra o juzga sin parcialidad o pasión”.
Cuando la imparcialidad se convierte en actitud, el proceso de búsqueda de la verdad cuenta con una base sólida. Es lo que los científicos requieren para iniciar sus investigaciones, un estado de la mente y de la voluntad abierto a la verdad y dispuesto a corregir errores o juicios anteriores incompletos.
Es, por tanto, una disposición interior que facilita el acceso a la verdad y que la hace más creíble. Esto convierte la imparcialidad en una virtud necesaria para el ejercicio profesional del periodista.
Documentación
El profesor Furio Colombo en su manual de periodismo internacional hace una defensa sin complejos de la posición del periodista en tiempos de guerra y lo compara a un voluntario de ONG.
“La figura del periodista se asemeja a la de un voluntario. No se plantea el problema de buscarle un lado justo o las equivocaciones porque tiene la conciencia del drama que se vive, de la manera que casi todos sus recursos lógicos, racionales e intelectuales le parecen inútiles. El que sirve está preso entre una posición moral: tienen razón las víctimas porque aquí la cosa no es de lógica, ni de responder al sentido común, o de buscar explicaciones a la luz de la razón. El único recurso moral que redime el oficio de estar del lado de las víctimas y dar testimonio de las matanzas. Para este oficio hay dos tipos de profesionales: el periodista y el voluntario, ambos sin banderas”.
Para Colombo la dificultad de ser un observador neutro cuando uno tiene sensibilidad y sentimientos sobre los sujetos de las informaciones, se va desplazando cuando uno apuesta al periodismo humanitario, y de esta manera se entierra el debate sobre la objetividad periodística. “Ya no queda espacio para la reconstrucción razonable e independiente de los hechos ni para la zona gris de la narración objetiva. No se puede ser objetivo en Rwanda, Somalia, Bosnia, Chechenia, donde es necesario tomar partido a favor de las víctimas."
Delante de la tradicional objetividad periodística del informador, los partidarios del periodismo proactivo, consideran que los tiempos no están para tales demostraciones de inhumana profesionalidad y que, afortunadamente, no es tan fácil desprenderse de la condición humana. Detesto la idea del periodista turista, convertido en un monstruoso observador del dolor y de la muerte ajenos.
Christopher Tullock: Periodismo de abogacía. En Periodística, sociedad catalana de Comunicación. Barcelona, 2011. Página 80

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