¿Cuál es la actitud correcta del periodista ante las informaciones de violencia?
26 de Julio de 2016

¿Cuál es la actitud correcta del periodista ante las informaciones de violencia?

¿Cuál es la actitud correcta del periodista ante las informaciones de violencia? No comprendo por qué los noticieros de televisión abren sus emisiones con noticias de violencia, como gancho para atrapar audiencias.

Respuesta: Esta es una historia real, con personajes cuyo nombre se encubre. El periodista, al encontrar el cadáver de su hermano, muerto por suicidio, al dolor natural, agregó la preocupación por lo que informarían los medios de comunicación. Su primera reacción fue, por tanto, cubrir con un manto de discreción lo ocurrido para que el hecho solo fuera conocido por la familia y por las autoridades. Pudo hacerlo porque conocía muy bien los trámites, ya que se había vuelto especialista en la información de estos casos. Tiempo después pudo preguntarse por qué había rechazado que se informara sobre un hecho que él solía informar ampliamente cuando ocurría. Y concluyó: · No acepté que se violara la intimidad de mi familia. Ahora sé que mis informes periodísticos sobre estos casos violaron esa intimidad. · Mi hermano suicida debió tener sus razones. Convertirlas en noticia, interpretar improvisada y caprichosamente su suicidio, habría lesionado, además, su buen nombre. · Para mi familia la versión detallada del suicidio en los medios, habría renovado y ahondado el sufrimiento producido por el hecho. La información sobre suicidio es solo una de las que se publican sobre violencia; para todas esas notas periodísticas son válidas las consideraciones anteriores. Pero lo más reprochable de esta clase de informaciones es su intencionalidad latente en todas ellas, de usarlas para elevar sintonías y aumentar las ganancias, que es tanto como convertir el drama de la violencia en material comercial. Lo que a su vez genera efectos como el de la trivialización del hecho violento, el acostumbramiento de los televidentes a la muerte y la violencia, y la creación de una insensibilidad social frente al dolor ajeno, resultado de la repetición de hechos similares, de modo que acostumbrada, la sociedad acaba por verlos como parte de sus diarias rutinas.

Documentación

Si alguna virtud han tenido los medios de comunicación y su cultura massmediática, es la de hacernos evidente esa violencia de la vida en nuestras casas presentada además en forma espectacular y como metamorfosis de la propia violencia. Pero aquí hay una trampa de construcción, inclusive de expresión y sentido referencial: nos ofrecen la violencia de la vida desde un solo ángulo de visión, desde un solo espacio, desde una única y exclusiva realidad parclada. Es una paradigmática lectura de la violencia generando más violencia y atentando contra un otro con identificación precisa y particular que se siente amenazado por el otro que siempre resulta anónimo y desclasado de la vida. Es la violencia de un solo sentido, de un único espacio que infringe peligrosamente un orden, la paz y la felicidad o aún dentro de la crisis que está presente. De esa forma los medios como extensiones modernas de la intelectualidad, o de los políticos, de las instituciones, del discurso del poder han configurado una simbología massmediática de la violencia. Los medios se han convertido en la esencialidad de la vida por la centralidad que ellos han venido ocupando dentro de un paisaje cultural distinto al de otras épocas, no hay más que revisar los datos del consumo cultural o los de credibilidad de diferentes instituciones para percatarnos de esa afirmación. Es la televisión, la prensa, la radio, en fin, los aparatos mediales los que están conformando nuevas maneras de leer las realidades, nuevas formas de reconstruir, repensar, de reconstruir, las propias culturas y son esos mismos aparatos como mediadores sociales los que ayudan a conformar nuevos imaginarios a través de los cuales penetramos las cosas del mundo y de la vida. Marcelino Bisbal, en Encuentro Nacional de la Sociedad Civil, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas mayo de 1995. Pp 38, 39

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