Un noticiero nacional difundió las imágenes del bus en llamas, en el que se quemaban 32 niños. Desde el punto de vista ético ¿cómo puede verse ese uso de las imágenes?
25 de Julio de 2016

Un noticiero nacional difundió las imágenes del bus en llamas, en el que se quemaban 32 niños. Desde el punto de vista ético ¿cómo puede verse ese uso de las imágenes?

Foto: Pixabay

Un noticiero nacional difundió las imágenes del bus en llamas, en el que se quemaban 32 niños. Desde el punto de vista ético ¿cómo puede verse ese uso de las imágenes? R.- El uso de las imágenes de televisión cuando se informa sobre catástrofes y tragedias cambia radicalmente según el criterio para su manejo.
Si el periodista obedece al criterio de que su información tiene el objetivo de causar sensación para retener televidentes y aumentar la sintonía, escogerá las imágenes más impactantes, apoyado en el argumento de que su trabajo no es ocultar sino mostrar.
Con esta idea como pretexto, el dolor de las personas pasa a ser un espectáculo rentable porque responde a la curiosidad del momento. Los televidentes se tienen, dentro de ese criterio, como simples curiosos y mirones.
Si el periodista quiere usar su información como un medio para promover la solidaridad con las víctimas, seleccionará las imágenes que den cuenta de la gravedad de la tragedia, pero que no aumenten el dolor de los parientes y allegados de las víctimas. Tendrá buen cuidado de descartar las que solo excitan la curiosidad de las personas que se asoman a la tragedia como a un espectáculo. Hacer esta selección es una tarea difícil porque debe hacerse con el pensamiento puesto en la parte más vulnerable de la audiencia que son los cercanos a las víctimas y los niños.
Como es obvio, el primer criterio es el del negociante, y el de una clase de gerentes de medios, y el de los editores que se guían por el afán de sintonía y de lucro.
El segundo criterio es el del periodista que sabe muy bien que la noticia no puede manejarse como una mercancía porque la dignidad de la profesión aconseja convertir la noticia, todas las noticias, en un servicio.
Hay un tercer criterio: el del periodista que se limita a cumplir con su oficio de contar y mostrar lo que ve, como si fuera un espejo de la realidad, sin preguntarse ni preocuparse por las consecuencias de lo que difunde. Un periodista así es un peligro social porque está manejando un poder enorme con la inconciencia de un niño.
Documentación
El reportero gráfico, a diferencia del reportero que escribe y del reportero que filmó, no tiene a su disposición una escala graduada de instrumentos expresivos. Al articulista le pedimos una narración equilibrada de la realidad, un hecho y sus motivos, una versión de los acontecimientos, y al otro el recorrido que llevó a la precipitación de una cierta tensión, pero también las visiones que niegan o bien justifican lo que ocurre. La función del periodista que escribe se asimila el gesto de alguien que instruye una causa y la juzga, necesita fuentes, muchas fuentes, busca evidencias contrapuestas, tiene el deber de comprobar los documentos, cotejando todas las declaraciones que obtiene, incluidas aquellas evidentemente falsas, siempre que sean atribuidas a un individuo identificable. El que filma dispone de un pasillo más estrecho, porque las imágenes, desde el primer encuadre, se arrastran detrás de un fuerte peso de sugestión y de parcialidad, que se multiplican en progresión impresionante por la calidad técnica y por el instinto narrativo del autor de esas imágenes. Cuanto más bueno es el camarógrafo más peligro corre de falsear. Y quizá por eso la televisión americana, no la más bella pero sin duda la más escrupulosa del mundo, limita de un modo casi brutal la belleza de sus reportajes, bloqueando el flujo de las imágenes con la presencia en campo del periodista que explica y por tanto enfría el ímpetu del río visual.
Son rarísimas las situaciones televisivas en las que una sola secuencia, un único nudo de imágenes compone la totalidad del relato. Cuando ocurre esto significa que no se trata de un montaje, sino de algo que la vida está ofreciendo tal cual es a la cámara que solo se puede ver y transmitir.
Téngase en cuenta que ni siquiera en casos extremos existe la seguridad de que la televisión deba aceptar el hecho ya construido en su contenido. También en estos casos la duda está en sí debemos o no establecer más distancia, más separación, entre narración y suceso, dejando al cine el margen de tensión/espectáculo y recogiendo en el encuadre de la televisión sólo la noticia, no la participación en el suceso.
Furio Colombo en Últimas noticias sobre el periodismo. Anagrama, Barcelona, 1998. Pp 152, 153.

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