Consultorio Ético de la Fundación Gabo
25 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Entre dos elecciones, una para alcalde y la otra del partido aprista, el diario local informó preferentemente sobre la segunda, y casi desconoció la primera. ¿Es esto correcto? R.- En casos como este conviene tener presente cuál es la función del periodista y del medio en la vida de la sociedad. Por tanto hay que recordar que:
El medio de comunicación y el periodista prestan un servicio social, por tanto están al servicio de toda la sociedad, no de una parte. Ese servicio en este caso está dirigido a la inteligencia del receptor puesto que se trata de una información de base para que el receptor tome una decisión política libre e inteligente. Esto implica que la información debe ser libre, para que tenga una recepción universal, esto es con validez para los partidarios de todas las candidaturas. El periodista presta su servicio a todos, y así deben percibirlo cuantos reciben su información. Esa información es la materia prima de las decisiones del elector, que la utilizará en el momento de manifestar su voluntad política con el voto. No es el periodista quien le dice por quién o cómo votar, pero sí es quien proporciona los elementos necesarios de conocimiento para que el elector forme su decisión. Esos elementos de juicio son los que los electores encuentran en una información de calidad, que es la que responde a los intereses de los electores, no a su curiosidad, ni al proselitismo de una campaña, ni as los intereses comerciales del medio.
Como se ve, la identidad profesional del periodista emerge en una campaña electoral cuando se rechaza la idea de hacer propaganda, o campaña, o de convertir la información en un entretenimiento. En vez de estas caricaturas el periodista descubre en su ejercicio profesional al proveedor de información, que sirve al interés común, cuando responde al elector inteligente y libre.
Documentación
Bajo la nueva formulación de la pregunta acerca de qué hacen las personas con los medios, se manifestó claramente que en cualquier proceso de comunicación hay influencia en juego. Toda comunicación es comunicación persuasiva. Quien le habla a alguien desea algo; quien deja que se le hable espera algo. La calidad de este proceso y con ello incluso su moralidad, depende de nuestras capacidades y habilidades en el trato con nuestros semejantes, de los recursos de pensamiento y de descripción que hacen posible un comportamiento comunicativo y con ello recién el actuar comunicativo. La comunicación necesita el arte, por ende las capacidades y habilidades están estrechamente relacionadas con nuestra competencia comunicativa. Nuestras capacidades periodísticas son al mismo tiempo causa y resultado de nuestra existencia personal y social, de nuestras relaciones interpersonales que nos ponen en condiciones de manejarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno.
La competencia comunicativa, la comunicabilidad, sin embargo, es más que saber leer o escuchar, escribir o hablar, la competencia comunicativa tiene algo que ver con la calidad de toda la dotación comunicativa de la persona, con su conciencia, su formación, su estructura del saber. Esto llega hasta los patrones de actitud e imágenes, de opinión sobre nosotros mismos y otros, sobre nuestro trabajo y nuestra existencia. Nuestra competencia vital está determinada esencialmente por nuestra comunicabilidad, por la seguridad de nuestra capacidad de responder a un estímulo, por la seguridad de nuestros procesos de comunicación interpersonal como pensar, decidir, resolver problemas, y por otra parte por la seguridad de nuestra capacidad expresiva. La seguridad tiende a convertirse en el juguete del pensar y de la experiencia, en el examen de teoría y práctica.
Winfried B.Lerg en Medios de comunicación, Democracia y Poder. F.Adenauer. Edición Grancharoff, Buenos Aires, 1995. P.14, 15.

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