Control sobre los contenidos de trinos y redes sociales.
22 de Julio de 2016

Control sobre los contenidos de trinos y redes sociales.

Foto: Pixabay

Mensajes de twitter, o trinos que fueron rechazados en las redes sociales condujeron a las autoridades judiciales a considerar la posibilidad de ejercer control sobre los contenidos de trinos y redes sociales. ¿En qué queda la libertad de opinar? Y desde el punto de vista ético, ¿es aceptable ese control? R.-El punto de vista ajeno, sobre todo si es diferente, es una contribución a la búsqueda de la verdad. Por eso el derecho a la opinión protege un instrumento irremplazable para el hallazgo de la verdad: el debate de opiniones.
Por su naturaleza la opinión es un estado intermedio entre la certeza y la duda, es decir, es un estado de búsqueda. Cuando se trata de opiniones dogmáticas, que se presentan como certezas inapelables, desaparece la búsqueda y emerge el disparate o un deslumbrante e inesperado encuentro con la verdad. En este caso la afirmación tendría que ser apodícticamente demostrada.
Pensar en “parámetros para opinar”, es una idea que han contemplado gustosamente gobernantes autoritarios y que rige comportamientos habituales del gobierno en las dictaduras. En cambio, regímenes respetuosos del derecho de opinión, saben que el debate público tiene un poder antiséptico superior al de cualquier norma legal. El debate público deja al descubierto los disparates y las afirmaciones absurdas con la misma eficacia con que el mar deja en la playa los desechos y las basuras. Son los mecanismos del organismo social contra el error y el disparate.
Documentación
Hemos regresado a los dilemas básicos que confronta cualquier país que haya vivido lo que alguna se denominó socialismo real: o democracia o dictadura; o capitalismo o socialismo; propiedad privada o propiedad estatal; patriota o escuálido; el propietario como ladrón y el ladrón como revolucionario. En un país donde los valores se han invertido, donde la intolerancia priva como sistema de vida, el odio ha sustituido a la convivencia y la lucha de clases al policlasismo y todas las referencias democráticas han ido cayendo al influjo del populismo autoritario, el periodismo de opinión se ha convertido en una lucha casi desesperada no solo por sobrevivir sino por conservar un margen suficiente de libertad que nos permita mantener movilizada y crítica a una sociedad a la cual se le pretende liquidar el derecho a estar informada.
Todo esto nos obliga a ser más responsables que nunca. El hecho de liberarnos del yugo de la presunta objetividad para fijar posiciones, formular juicios de valor y establecer conclusiones, no puede estar reñido con el rigor a la hora de precisar hechos o hacer señalamientos, ni mucho menos con la verdad como objetivo definitivo, situado más allá de nuestros deseos. Opinar no es denigrar, ni mucho menos mentir, máxime cuando estamos en la lupa de los poderosos y de una opinión pública que, frustrada por el papel de sus dirigentes, quiere y debe seguir creyendo en los periodistas.
Mientras el resto de los factores han sido borrados del mapa político, en esta misma medida los periodistas han viso sobredimensionado su papel como formadores de opinión pública. En ausencia de los partidos políticos, indefenso el ciudadano ante unos poderes públicos castrados que no defienden sus derechos y obturados como están los mecanismos de mediación social, sobre los periodistas converge un conjunto de fuerzas, reclamos y conflictos que lo colocan en el propio ojo del huracán.
No salimos de la universidad para gobernar sino para algo mucho más delicado: informar, orientar, cuestionar, abrir caminos y despertar conciencias, una tarea que en democracia puede resultar honrosa y placentera pero que en circunstancias como las que vivimos implica reciedumbre moral, fuerza de voluntad y una determinación inflexible para no ceder ante las presiones y los riesgos, de manera que, por encima de todo, podamos cumplir a cabalidad, cueste lo que cueste, nuestra más básica obligación: la búsqueda y reposición pública de la verdad.
Roberto Giusti: Comunicación y Libertad, en el Foro de la Universidad Católica Andrés Bello, octubre de 2005. Editorial texto, 2006 Caracas. Páginas 14 y 15

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