Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En una entrevista con el boxeador Myke Tyson, este le contó al periodista que se había reunido con el alcalde de Cartagena para promocionar un show que iba a presentar. El periodista le recordó a Tyson que había sido encontrado culpable de violación y si creía que eso podía afectar la imagen del alcalde. El boxeador se enfureció con la pregunta e insultó con palabras fuertes al periodista. La entrevista tomó un rumbo agresivo y el periodista tuvo que darla por terminada.
¿Se equivocó el periodista con esa pregunta sobre un hecho ocurrido 20 años atrás por un hecho por el que Tyson había pagado condena? ¿Tiene el boxeador derecho a que no se le pregunte por un hecho que hace parte de su pasado? R.- El caso permite recordar que el entrevistado, cualquier entrevistado, tiene derechos que el periodista debe respetar.
Uno de ellos es el derecho al olvido. Aunque el hecho haya sucedido, si la justicia sentenció, la persona tiene derecho a una nueva oportunidad y no tiene por qué cargar toda la vida con el mal recuerdo de un momento desafortunado que no se ha repetido.
Cuando la repetición es el caso, la referencia debe tener un apoyo en los hechos: por ejemplo, el funcionario que fue sentenciado por corrupción hace años y que hoy está dando muestras de repetición suficientes para que la justicia haya pedido una investigación.
Pero cuando la persona pagó su deuda con la justicia, tiene derecho al olvido. El respeto al entrevistado incluye, además, el respeto a su intimidad. Los errores del pasado, sobre todo si son equivocaciones que se dejaron atrás, pertenecen a la intimidad de las personas. Íntimo es lo que cada quien quiere mantener fuera del alcance de la mirada ajena.
Además, el periodista nunca tiene el derecho de molestar a sus entrevistados, como resulta evidente en el caso de la amañada pregunta citada en la consulta.
Documentación
¿Cómo definir la entrevista? Es un instrumento del periodismo con el que se pretende presentar una historia desde el punto de vista de su protagonista. La entrevista tiene un origen noble, filosófico y literario, tiene su raíz en toda la cadena de diálogos que han señalado la historia del saber.
Pero la periodística es principalmente un diálogo o un intento de diálogo con el poder. Este tipo de diálogo tiene una vida reciente y mala fama. Tanto Hitler como Mussolini y como Stalin o Mao fueron entrevistados por los periodistas o incluso por prestigiosos escritores. Pero en esas entrevistas no hay la menor huella de verdad o de algún tipo de información útil más allá de los deseos del poder.
Ni siquiera las entrevistas de la prensa libre americana con sus presidentes dejan rara vez alguna señal. Incluso cuando no son un acto de homenaje o vasallaje, incluso cuando no se desarrollan de acuerdo con las reglas del poder, se mueven en ámbitos restringidos y tienen modestas posibilidades de transformar la conversación en revelación.
Típicamente el poder elige el monólogo para pronunciar las frases importantes y enviar mensajes esenciales
A los límites y a los problemas tradicionales de la entrevista política se añade ahora el estallido de la entrevista como instrumento de la comunicación televisiva. Llevado a la pantalla, el diálogo con el poder se ha convertido rápidamente en una forma embalsamada de celebración en los países con menos tradición periodística. Como la televisión se presta poco a la presentación de opiniones y comentarios, la entrevista se ha convertido en la única alternativa a la noticia directa y por tal motivo se ha multiplicado rápidamente. Pero el crecimiento se ha producido casi contemporáneamente en el mundo del espectáculo, y los dos géneros, entrevista televisiva política y entrevista televisiva del espectáculo, se han acercado e integrado, hasta que las leyes del espectáculo han acabado por dominar.
Furio Colombo en Ultimas Noticias del Periodismo. Anagrama, Barcelona 1997. p 86 y 87

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