¿Hay alguna consideración ética que explique el uso de las expresiones como 'tercera edad' o 'adulto mayor'?
22 de Julio de 2016

¿Hay alguna consideración ética que explique el uso de las expresiones como 'tercera edad' o 'adulto mayor'?

Foto: Pixabay.com

Sobre las expresiones “tercera edad”, “adulto mayor” “anciano” y “viejo”. Esta última es objeto de veto porque se siente despectiva o denigrante. ¿Hay alguna consideración ética que explique ese veto? R.- Hay palabras con mala suerte. No se puede decir “negro”, sino afrodescendiente; no digas “poner” sino colocar; ni “secuestrado” sino retenido. En esta opera una voluntad política, en la otra, ignorancia sobre las palabras y en la primera hay mucho de paranoia o de complejo de culpa.
El desprecio o mala voluntad hacia los viejos se volcaron en esta palabra hasta hacerla una expresión de desprecio, por eso su contenido original pareció desaparecer en boca de los que pretendieron excluir, con otras palabras, la realidad vergonzosa de la discriminación para un grupo humano.
Sin embargo, “viejo” es una palabra que mantiene su resonancia positiva cuando Hemingway titula uno de sus relatos: El viejo y el mar, o cuando en sus emisiones por radio Sutatenza el padre Sabogal comenzaba: “Mis viejos queridos”, o cuando el cantante Piero entonaba: “Viejo, mi querido viejo”. Quienes leían o escuchaban la palabra la sentían envuelta en su pureza original.
No había ninguna actitud negativa hacia el viejo y por eso en estos casos se hacía caso omiso de cualquier mala comprensión posible de la palabra.
Además de la actitud, ayuda el contexto en que las palabras se utilizan. Si ese contexto es positivo y con elementos que construyen, la palabra no se presta a equívocos. En cambio los eufemismos: tercera edad, adulto mayor,etc, difícilmente disimulan una actitud postiza y poco sincera frente a este grupo humano.
La consideración ética fundamental tiene que ver con el respeto del otro, con la tolerancia activa que acerca y hace propios los puntos de vista, las expectativas y los problemas de los otros. Cuando ese estado de ánimo mueve a alguien, vienen, espontáneas, las palabras adecuadas.
Documentación
Las palabras consiguen que los conceptos existan, y no al revés. En cualquier manual de lingüística se nos dice, por ejemplo, que cada persona distingue tantos colores como palabras tenga su lengua para dividir el espectro cromático, explica Gregorio Salvador, y añade: si en un determinado sistema lingüístico existen sólo tres nombres de colores sus hablantes serán incapaces de distinguir visualmente más; si en tal otro sólo hay dos, uno para tonalidades claras y otro para tonalidades oscuras, sus hablantes serán completamente ciegos para el color. En una lengua que sólo distinga entre frío o caliente, lo tibio no es que no se nombre, es que no existen sensorialmente para aquellas gentes. El académico aclara que estos hechos se dan sólo en lenguas indígenas africanas o de los indios americanos pero nos ilumina sobre cómo la forma de la palabra puede condicionar lo que se siembra de nuestra mente.
Las palabras no forman pues una caja de cartón en cuyo interior sólo se ve el dibujo de una idea. Al contrario dentro de la caja se halla la idea misma. Quien logra cambiar las cajas de sitio, anularlas, agrandarlas o reducirlas habrá conseguido también alterar los pensamientos y por tanto las actitudes y así habrá creado unas divisiones en las que el manipulador queda por encima.
Alex Grijelmo: Defensa apasionada del idioma español. Taurus.Madrid 1998. P 207

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