Un programa de televisión dedicado a difundir noticias falsas,¿ cómo se ve desde el punto de vista ético? ¿Qué efectos puede producir?
21 de Julio de 2016

Un programa de televisión dedicado a difundir noticias falsas,¿ cómo se ve desde el punto de vista ético? ¿Qué efectos puede producir?

Foto: pixel2013 // Pixabay

Un programa de televisión dedicado a difundir noticias falsas,¿ cómo se ve desde el punto de vista ético? ¿Qué efectos puede producir? R.- Para la sociedad la verdad es un factor de seguridad y solidez: hace viables las relaciones entre personas e instituciones y genera, como resultado, la confianza.
El periodista lo sabe, o al menos lo intuye, porque la verdad de los hechos que informa es el servicio que se espera de él y constituye la razón de ser de su profesión.
Se puede decir, por tanto, que el periodista es quien trabaja para portarle a la sociedad la verdad que necesita para mantenerse segura y confiada. Hay, pues, dos sólidos motivos para decir la verdad y rechazar lo falso:
Que es un derecho y una necesidad de la sociedad. Que es la razón de ser de la profesión periodística.
Esto pone al periodista en contra de la corriente de las tendencias más fuertes. Anotaba Hannah Arendt: “el engaño, la deliberada falsedad y la mentira han sido utilizados por los medios para el logro de fines políticos, nos han acompañado desde el principio de la historia conocida. La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas mientras las mentiras han sido tomadas como medios justificables”.
A los políticos, mencionados por la filósofa, se pueden agregar los negociantes que disfrazan de noticiero un programa de humor de la misma manera que venden productos falsificados como genuinos. Para el periodista y para la sociedad la mentira de las noticias no es aceptable, ni por chiste.
Documentación
Si falta la base del valor de la libertad de pensamiento, o sea el respeto y la búsqueda de la verdad, la libertad de pensamiento se convierte en libertad para mentir y la libertad de expresión deja de ser lo que era. No podemos impedir de modo alguno que la libertad de pensamiento y de expresión se transformen en libertad para propagar lo falso, no obstante, tenemos el derecho y también el deber, de pensar mal. Agrego que la libertad de expresión, la libertad de expresar lo que pensamos presupone una atmósfera de seguridad. No basta que la libertad de expresión sea tutelada por el sistema jurídico, también es necesario que no haya temor. Allá donde existen intimidaciones y donde desviarse de la ortodoxia dominante nos pone en penumbra, la libertad de expresión se vuelve anquilosada y, en consecuencia la misma libertad de pensamiento es deformada.
Giovani Sartori: ¿Qué es la democracia? Altamir, Bogotá, 1994.P. 64,65

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