Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Mi tesis se propone ofrecer un manual de ética profesional, pero encuentro el dilema entre el concepto Manual y Código porque quiero proponer algo más práctico y digerible: compromiso con la verdad, responsabilidad social e independencia. ¿Qué me sugiere?
Lo del nombre es lo de menos. A veces se los llama Credo de principios éticos, Declaración de principios éticos, Carta de trabajo, Guía ética, Derechos y Deberes, Deontología periodística o, el más común, Códigos de ética.
En el fondo se trata de mecanismos pedagógicos, a veces mnemotécnicos, para fijar en la memoria las características esenciales e ideales de la profesión.
No importa cómo se los llame, todos representan una ayuda para el periodista porque le responden por qué trabaja, para quién trabaja y cómo se trabaja para ser una excelente persona y un inmejorable profesional.
Los mejores códigos son los que se limitan a registrar los conceptos básicos de la ética periodística, que aparecen mencionados en la consulta. Hay códigos que pretenden ser exhaustivos en la enumeración de los posibles problemas éticos y de sus soluciones. El resultado es un extenso y farragoso código de difícil consulta y de apariencia casuística.
Otro defecto es el de la contaminación legal, o sea la idea de que lo ético es paralelo a lo legal de modo que así como las leyes se desarrollan en códigos, la ética debe tener su correspondiente formulación en códigos.
Si la ética nos convierte en legisladores de nosotros mismos, expresión de Kant, estos instrumentos son una ayuda para esa legislación que mana en el interior de cada uno y que no es impuesta por nadie distinto de uno mismo.
Documentación.
La necesidad de los códigos es evidente. Los códigos de ética tienen un papel preeminente qué jugar en cualquier intento de autocontrol. Aunque históricamente un código de ética ha sido un convenio entre iguales, los códigos actuales son más exigentes; y tienen que estar apoyados sobre la integra consideración del servicio a los intereses públicos.
Sin los códigos de ética existiría un peligro real para el autocontrol de la prensa por ella misma, ya que entonces serían los gobiernos y las cámaras quienes ocuparían su vacío, legislando a su arbitrio normas, leyes o preceptos que no emanarían de los propios profesionales, destruyendo así su libertad personal y profesional su iniciativa y su sistema de profesión cerrada. Las actuales leyes de la mayoría de los países dejan un campo abierto para la ocupación de los códigos de ética periodística en beneficio de los objetivos de la sociedad, reconociendo así el esfuerzo particular de los códigos de ética que es a la vez necesario y útil en toda sociedad democrática.
Por otra parte el mejor método para el conocimiento de la deontología profesional es, sin duda el estudio del conjunto de códigos nacionales y supranacionales que contienen y resumen toda la deontología del periodismo.
Porfirio Barroso : Códigos Deontológicos de los medios de comunicación. Paulinas, Madrid, 1984. Pp 15, 16.

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