Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Es responsable el periódico que publica errores ortográficos o de sintaxis, o denominaciones incorrectas de funcionarios o instituciones públicas, contenidos en Cartas al Editor? Las correcciones de errores ortográficos o de sintaxis o de imprecisiones en las cartas, es una ayuda debida al colaborador y una expresión de respeto al lector. El uso del (sic) para expresar que así está escrito en el original no es siempre aconsejable. Hay una solidaridad debida del periódico con sus colaboradores que incluye la oportuna corrección de sus errores, y una responsabilidad con los lectores que ordena una presentación correcta de los textos.

En cambio, la responsabilidad del periódico sobre todo lo que publica: cartas, columnas de opinión, entrevista e informaciones, implica el deber de responder por sus contenidos, especialmente cuando se trata de expresiones que afectan el buen nombre, la fama o el honor de las personas.

En principio el trabajo periodístico no debe hacer mal a nadie; y si, en bien de la sociedad, se hacen denuncias, estas deben estar fundadas en hechos comprobados y comprobables, aún si se trata de cartas o columnas de opinión. La opinión no debe ser arbitraria ni visceral, sino apoyada en hechos que puedan ser documentados.

Cuando en nombre de la libertad de expresión, los autores de cartas o columnistas incluyen acusaciones sin sustento, u ofensas deberán encontrar cerradas las puertas del periódico que, por principio, se debe negar a ser una simple caja de resonancia o idiota útil desde donde se ofende o se calumnia. La liberta de expresión no consiste en escribir lo que uno quiera, sino en la posibilidad de decir lo que uno debe decir sin que nadie interfiera.

Documentación.

Es frecuente encontrar en los códigos de deontología periodística la afirmación de que la prensa debe publicarlo todo, esto es, todas las noticias que merecen ser publicadas. All the news that’s fit to print para decirlo con el lema de The New York Times Por tanto la norma no se refiere necesariamente al universo informativo total y sus alrededores, sino a las noticias, los comentarios y las opiniones situados en el marco de competencia de una persona, una ciudad, un país y, por supuesto, que sean pertinentes en un momento dado.

Los millones de personas que habitan el globo terráqueo y el más de un centenar y medio de naciones que les dan abrigo, son fuentes de noticias de todo carácter, dimensión e importancia. A la avidez por conocerlas y la velocidad con que se transmiten, es preciso agregar la multiplicidad de los medios de comunicación y la forma en que desbordan las fronteras, cruzan los océanos y penetran el microcosmos. En estas circunstancias la inversión de la premisa periodística – qué publicar- transforma el problema del profesional de la noticia en qué no publicar.

Ni la suma de toda la capacidad de almacenamiento de datos sería susceptible de alojar ese verdadero alud de información. Aunque se asociaran todos los computadores del mundo en un intento por ordenar y archivar la parte más recordable de las noticias diarias, no tendría sentido para el hombre coleccionarlas. El periódico diario, el noticiero de radio y televisión, las revistas semanales y toda hoja periódica que se propongan alcanzar sus objetivos de una manera útil, deben, por tanto, capacitar a su8s profesionales en la tarea más eminente, perentoria y crítica, la selección de los mensajes publicables. Una guía de criterios para cernir las que merecen ser transmitidas y las que acabarán en el cesto de los papeles de la amnesia colectiva, pude ser útil para el periodista que se enfrenta, atónito, a una multiplicidad de estímulos informativos y no sabe por dónde empezar-

Guido Fernández: Agonía a la Hora del Cierre. Trillos. México, 2000. Pp 203, 204

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