Consultorio Ético de la Fundación Gabo
22 de Julio de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

¿Cuáles son los límites de un periodista al hacer una entrevista a un prófugo de la justicia? ¿Es una cuestión puramente ética? ¿Cuáles son los riesgos que se deben prever? En último término: ¿cómo se entiende el rol del periodista en la sociedad actual? Suena abstracto pero va al punto: el periodista es el que crea relación en la sociedad. Relaciona al lector con la historia que se hace en la sociedad todos los días; relaciona los hechos de esa historia con sus protagonistas; relaciona a los miembros de la sociedad entre sí, porque revela sus actividades, los acerca a sus pensamientos, a sus ilusiones y desilusiones, a sus éxitos y fracasos lo mismo que a sus proyectos y opiniones. Relaciona cuando hace caer en la cuenta de que hay pensamientos comunes, expectativas, afectos, desafectos.
Teniendo esto en cuenta aparece lógico que el periodista ensaye una relación de sus lectores con esa parte de la sociedad que son los delincuentes: los que están en las cárceles, o los que están bajo procesos judiciales y los que como los guerrilleros, son clasificados en la sociedad como delincuentes.
La sociedad tiene el derecho de saber cómo piensan y qué los ha movido a actuar como actúan; es lo que el periodista intenta cuando los entrevista: hacer real ese derecho.
El límite de ese contacto comienza cuando el periodista pasa de ser sujeto de la acción a ser un objeto que el entrevistado maneja según su interés. Es cuando la entrevista se convierte en apología del delito y del delincuente, o en amenaza para el público o en agravio para todos.
El periodista que pierde el control de la información y permite que el delincuente o el subversivo lo instrumentalicen, pierde el derecho y el privilegio de ser creador de relación a través de su trabajo.
Documentación
En mayo de 1985 cuando el informativo Nightly News de la NBC emitió una entrevista en profundidad con Abu Abbas, el líder del Frente de Liberación Palestina, dejó clara la fascinación de la prensa por los terroristas y el terrorismo.
Los terroristas habían asesinado brutalmente a un turista americano en silla de ruedas y tiraron su cadáver al Mediterráneo. El Departamento de Estado ofreció una recompensa de 250.000 dólares por la captura de Abbas promoviendo una cacería internacional del hombre.
Fue claro, por consiguiente, que la NBC al localizar el fugitivo terrorista y obtener una entrevista exclusiva, consiguió algo que el gobierno no había logrado. Por si fuera poco la emisora se jactó además de que sus periodistas lo habían conseguido por sus propios medios y sin la ayuda del propio Abbas. La simbiosis entre medios y terrorista y la fascinación pública que alimentan medios y terroristas no podrían haber sido más descaradamente evidentes en esta ocasión .
Lo más sorprendente no solo fue la categoría de hombre de estado que le concedió la emisora a un hombre que tenía las manos manchadas de sangre, sino el autobombo que se dio la cadena en la emisión del programa: “nos gusta entrevistar a todos los líderes”, alardeó. “Creo que es importante que el pueblo americano pueda comprender, estar informado y juzgar por sí mismo”.
Aún así no se puede situar a Abbas a la misma altura de los líderes mundiales cuyas opiniones merecen el premio más gordo para la televisión americana. Abbas, de hecho, era uno de los comandantes de la OLP y había fracasado en su intento de liberar los 50 prisioneros al secuestrar el crucero de lujo. Por muy fracasado que fuera, poseía un talento de showman que encajó con los intereses de la NBC y de su público. Bajo la incandescente luz de los focos, la fascinación de los medios y del público con el terrorismo, convirtieron a Abbas “en la estrella mediática del momento” olvidando que se trataba de un secuestrador y un asesino, que es lo que nunca se debió olvidar.
Bruce Hoffman: El terrorismo y los medios de comunicación

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