¿Cómo debe manejarse la ética en los concursos que premian la calidad periodística?
14 de Agosto de 2017

¿Cómo debe manejarse la ética en los concursos que premian la calidad periodística?

Foto: Pixabay.com/ Geralt. Compartida bajo licencia Creative Commons.

¿Un editor está obligado a entregar un premio de su medio a un personaje, si personalmente piensa que no es un premio merecido?

Respuesta:

Los premios de periodismo generan un doble deber de justicia:

Para con los concursantes que tienen derecho a un tratamiento ecuánime e ilustrado. La ecuanimidad tiene que ver con el trato igual para todos y excluye situaciones de privilegio o de discriminación. Por esa razón se constituyen jurados plurales y diversos en los que los criterios se equilibran en beneficio de la justicia.  Esos jurados se dan o aceptan reglas que nivelan a los concursantes y que permiten la confrontación de pareceres distintos. En la consulta se pide examinar el caso de un jurado que piensa que el premio otorgado es poco merecido. Es una consideración legítima que, sin embargo, debe someterse al dictamen de todo el jurado.

Este jurado, además, debe ser competente. Su conocimiento y experticia para valorar los trabajos en consideración, es parte de gran importancia para valorar y decidir sobre la mayor o menor calidad de los materiales en consideración.

Las decisiones tomadas en estos concursos tienen que ver con el derecho de la sociedad a la información. En principio los concursos tienen la finalidad de estimular la mejor calidad del producto periodístico mediante el premio a los mejores; por tanto, a los jurados corresponde la tarea de encontrar los mejores, de señalarlos y de estimularlos. Es, pues, un deber ético de justicia para con los concursantes y para con la sociedad.

Cuando el jurado se equivoca al calificar como el mejor a un trabajo mediocre, afecta el derecho de la sociedad a recibir buena información y contribuye a la consolidación de equívocos sobre los criterios para distinguir y proclamar una información valiosa para la sociedad.

Documentación

La calidad de las noticias se traduce en una forma de informar sobre la realidad en la que fundamentalmente predomina la preocupación del periodista por satisfacer la sed de saber- de verdad - del público, y por mejorar día a día sus procesos de selección y creación de la noticia.

Como ocurrió en el mundo de las empresas de productos y servicios comerciales, el énfasis en un primer momento estaba  en el producto y en la inspección de producción hasta que se dio el giro clarificador del consumidor, y se comenzaron a ajustar los procesos de elaboración a la medida del cliente. En el periodismo parece darse algo semejante. Los estudios sobre la producción de la noticia no pasan en su mayoría de ser intrínsecos. El tomar el concepto de calidad del mundo empresario y aplicarlo al proceso productivo de las noticias, como así también poner el énfasis en la satisfacción del cliente, contribuirá sin duda al mejoramiento de la producción de la información periodística.

El proceso de producción de las noticias exige y articula dos instancias: la selección de la información a través del reconocimiento de los criterios que hacen noticiable un acontecimiento, como actualidad, relevancia, proximidad e impacto y su conexión con las fuentes y la verificación, ampliación, contextualización – antecedentes y consecuencias- e interpretación –observación del periodista- de esa información, es decir, la forma en que esos valores que enmarcan el hecho elegido, son procesados en la noticia y se ofrecen al público. Se trata de instancias interconectadas: la clasificación y jerarquización que se hace del material publicado (o emitible) y las modalidades de la enunciación que organizan la noticia como discurso, están en directa relación con los criterios de noticiabilidad.

Los parámetros para la producción de la noticia son críticos del trabajo periodístico cotidiano: pautar, reportar, redactar y editar la información.

María Teresa Téramo: La Noticia en el Espejo.  Editorial de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 2004.  P. 37, 38.

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